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Música Clásica y ópera de Classissima

Johannes Brahms

domingo 1 de mayo de 2016


Ya nos queda un día menos

Ayer

Znaider hace el concierto de Brahms con la Orquesta de Valencia

Ya nos queda un día menosEn mayo de 2004 tuve la ocasión de escucharle el Concierto para violín de Brahms a Gil Shaham en el Palau de la Música de Valencia. Pensé que nunca en mi vida iba a volver a disfrutar esta página tan increíblemente bien tocada en directo, pero lo cierto es que ayer viernes tuve la ocasión de hacerlo, y exactamente en el mismo recinto, esta vez con el grandísimo Nicolaj Znaider como solista. Me compré entrada en primera fila para paladear bien el acontecimiento, y vaya si lo hice. Su sonido es de una solidez impresionante, y además brahmsiano de pura cepa, con un grave carnoso y un agudo de seguridad a prueba de bombas. Su agilidad, abrumadora. Por no hablar de su capacidad para modelar el sonido, claro. Todo ello a cinco metros de un servidor. Imposible escuchar algo aún mejor en el resto de mi vida desde el punto de vista puramente técnico. Ahora bien, tengo algún reparo en lo expresivo. Esta es una obra sumamente complicada que exige al intérprete atender a dos polos opuestos y complementarios. Por un lado, tensión dramática, rebeldía y no poco amargor: hay momentos de la partitura que exigen al violinista literalmente gemir y llorar con su instrumento, incluso gritar de rabia y dolor. Por otro, nobleza, cantabilidad, ternura y un profundo sentido humanístico sin los cuales Brahms no sería Brahms. Znaider atiende de modo muy convincente a lo primero, pero bastante menos a lo segundo. En este sentido, me recordó al inmenso David Oistrakh por su visión ante todo escarpada y doliente de la página, como también por su ardor digamos viril, por su carácter decidido y por su fuego absolutamente controlado, con la diferencia de que el genio de Odesa, aunque también unitaleral en lo expresivo, llegaba mucho más lejos y conseguía resultados memorables. Lo de Znaider, aun siendo magnífico, no alcanza tan inmensa altura. Si Shaham tuvo la compañía increíblemente lujosa de Eschenbach y la Orquesta de Filadelfia -leo lo que escribí entonces y veo que me decepcionó un tanto-, Znaider se vio respaldado por la Orquesta de Valencia y Yaron Traub. Este hizo sonar a la formación de la que es titular con un sonido muy apropiado para el compositor -algo nada fácil de conseguir- y reslpaldó la visión expresiva del solista ofreciendo intensidad y extroversión bien entendida, evitando asimismo narcisismos y puntos muertos. Pelleas und Melisande de Schoenberg en la segunda parte. A la hora de interpretar este monumental poema sinfónico, los directores pueden mirar hacia la sensualidad impresionista, la opulencia y la narratividad straussianas o la racionalidad distanciada del Schoenberg maduro. O también hacia el expresionismo ardiente y desgarrado de su discípulo Alban Berg, vía esta última que fue la que siguió Traub en un clarísimo deseo de llegar al público por la vía más directa, demostrándole que eso de que el universo del compositor de Moisés y Aarón  resulta frío y excesivamente intelectual es mentira. En consecuencia, el maestro de Tel Aviv ofreció una interpretación bastante rápida, tensa y escarpada, de clímax alucinados –incluso ásperos en lo sonoro– y considerable vehemencia dramática, pasándose quizá un poco de rosca: me hubiera gustado una recreación con mayor variedad expresiva, más atenta a las atmósferas, mejor paladeada en los momentos más introvertidos. También más cuidada en el juego de tensiones y distensiones, y más minuciosa en las dinámicas. Entiéndanse estos reparos como menores, porque Traub se mostró sincero, intenso y comunicativo en todo momento, consiguiendo que el público respondiera calurosamente a una obra de un compositor que no se cuenta entre sus favoritos. La Orquesta de Valencia, por su parte, demostró que puede enfrentarse a una partitura de extrema demanda técnica como este Pelleas, y aunque la batuta de Traub no es precisamente la de mayor depuración sonora posible, se alcanzó un buen rendimiento global –notable planificación de masas sonoras, con más atención a la globalidad que al detalle– y hubo espacio para que evidenciaran gran desenvoltura todos los primeros atriles, entre ellos el oboe que ya se había lucido con su decisiva parte en el concierto brahmsiano.

Scherzo, revista de música

27 de abril

Cuatro cantos serios op. 121, de Brahms

Una de las grandes obras maestras de Brahms dentro de su parcela vocal, la cima en su camino de compositor de Lieder, un prodigioso testamento que el presentimiento inconsciente del autor previó poco antes de su adiós definitivo. Digamos que en ese año de 1896 el compositor no estaba preocupado por ningún tipo de conflicto en torno a su muerte, que se produciría un año más tarde. leer más




Ya nos queda un día menos

26 de abril

Abbado, Shaham y la Filarmónica de Berlín en Palermo

El concierto del 1 de mayo de la Beliner Philharmoniker del año 2002 tuvo lugar en el bellísimo Teatro Massimo de Palermo, bajo la dirección de Claudio Abbado –en los últimos meses de su titularidad– y con Gil Shaham como estrella solista. Obras de Beethoven, Brahms y Dvorák en los atriles, más un Verdi como traca final. Arranca el programa con la obertura de Egmont. Ya en una introducción sin gravedad, sin pathos, como en la mayoría de su Beethoven con esta orquesta, el milanés se limita a deslumbrar mediante un juego sonoro entre ingravideces y músculo, entre suavidad y contundencia, pero sin acertar en el estilo ni en el mensaje. Solo en la coda aparecen el fuego y la sinceridad que deberían haber presidido toda la interpretación. Viene a continuación el Concierto para violín de Brahms. La verdad es que el maestro se muestra aquí más motivado, pero aun así no termina de dar en la diana. La sonoridad que extrae de la Filarmónica de Berlín, en principio la orquesta ideal para Brahms, es refinada y opulenta al mismo tiempo, muy en la línea de Karajan, pero ofrece aquí la densidad y la calidez propia del autor. Tampoco la batuta parece muy dada a explorar los aspectos más tensos y dolientes de la partitura. Pletórico de virtuosismo, Gil Shaham sintoniza por completo con el concepto apolíneo del maestro ofreciendo una recreación de belleza extraordinaria, antes que poética, desgarrada o conmovedora. El nivel sube por parte de los dos artistas en un tercer movimiento intenso y comprometido. Sinfonía del Nuevo Mundo para terminar el programa oficial. La levedad y los portamenti de la introducción nos hacen presagiar una interpretación con todos los narcicismos propios del Abbado de la última etapa de su carrera, pero venturosamente no es así, porque la batuta nos termina ofreciendo una interpretación sensata, ortodoxa y musical, sin amaneramientos ni efectos de cara a la galería, además de muy fluida en su discurso y –eso por descontado– maravillosamente tocada. Ahora bien, globalmente el resultado es superficial, cuando no frío, porque no existe una idea expresiva clara detrás de esta técnicamente portentosa realización: el primer movimiento es notable sin más, el segundo emociona poco, el tercero resulta vistoso antes que electrizante y tiende a lo lúdico –más que a lo poético– en el trío, mientras que en el cuarto, venturosamente, Abbado se anima y ofrece una interpretación entregada –ya que no particularmente dramática– que se desarrolla de modo convincente hasta culminar en una coda muy bien planteada en lo expresivo. La propina estaba cantada: obertura de Las vísperas sicilianas, pues no en vano la acción de esta ópera se desarrolla precisamente en la capital napolitana. Como escribí en mi discografía comparada de esta página, "no hubo sorpresas, pues se trató de una brillante interpretación, pletórica de virtuosismo, que se resiente un tanto en comparación por lo conseguido por él mismo en sus registros anteriores: falta la electricidad de sus años londinenses, mientras que su empeño en ser más refinado que nadie (...) empaña un poco la enorme belleza sonora de su fraseo". Imagen espléndida en el Blu-ray editado por Euroarts. Sonido algo extraño, debido seguramente a la acústica de la sala, pero de considerable calidad y con surround auténtico. El concierto se encuentra disponible en la Digital Concert Hall, pero con calidad audiovisual menor.

Ya nos queda un día menos

25 de abril

Mendelssohn y Brahms por Karajan y la Mutter

Quizá fuera este uno de los primeros compactos que compré de música clásica: conciertos para violín de Mendelssohn y Brahms por Karajan, la Berliner Philharmoniker y una jovencísima Anne-Sophie Mutter, registrados respectivamente en septiembre de 1980 y septiembre de 1981 por los ingenieros de Deutsche Grammophon en la Philharmonie de la capital alemana. Hacía muchos años que no lo escuchaba. Me han vuelto a parecer grandes interpretaciones, aun con ciertos reparos. Haciendo sonar a la Filarmónica de Berlín con su músculo habitual y la opulencia que a él le gusta, el salzburgués ofrece una recreación lenta, poderosa y llena de fuerza, en absoluto ligera y más dramática que luminosa, del Concierto de Mendelssohn. Discutible por todo ello, sin duda, pero muy atractiva por un Andante lleno de poesía amarga y hondura en la que solista despliega intensidad y concentración exhibiendo un sonido robusto, carnoso, muy cálido en el grave y de asombrosa brillantez en el agudo. Además, se muestra capaz de enfrentarse a las tempestades sonoras desplegadas desde el podio. Por no hablar, claro está, de una cantabilidad y de una fuerza expresiva para derretirse. La interpretación del Brahms tarda un tanto en arrancar. Karajan se muestra firme y decidido, pero también un punto contundente, más exterior que sincero –problema habitual en sus recreaciones de este autor–, mientras que la Mutter, de afinación portentosa, hace gala de apreciable intensidad emocional sin terminar de destilar todas las esencias poéticas de la página, quizá por adoptar un punto de vista más apolíneo que doliente. La cosa cambia desde la larga cadenza de Joachim, en la que el violín alcanza verdadera excelsitud para que a continuación Karajan retome el acompañamiento con una magia sonora e inspiración supremas. El nivel se mantiene en el Adagio, dicho con auténtico vuelo poético y una belleza insuperable sin que esta, por ventura, suponga el menor atisbo de narcicismo o amaneramiento; eso sí, el enfoque vuelve a ser apolíneo ante todo, lo que no impide que se alcance una enorme tensión en el clímax. Brillante y poderoso pero firmemente controlado el Finale, a medio camino entre la fogosidad que la página exige y el equilibrio que ha presidido toda la interpretación.



Ópera Perú

22 de abril

Nelson Freire y la herencia de Brahms

© Eric Dahan / Decca ClassicsConversamos con la leyenda del piano antes de su concierto con la OSN, con la cual tocó por última vez hace 50 años.Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)Como Mozart, el pianista brasileño Nelson Freire inició una carrera casi a la par de sus años de vida. Desde los 3 ya tocaba de memoria partes musicales que su hermana mayor acababa de tocar, e inmediatamente tomó clases nada menos que con discípulos del mismísimo Franz Liszt. A los 5 ya tocaba sonatas de Mozart y a los 12 competía tocando obras complejas como el "Emperador" de Beethoven.Con 55 años de carrera a cuestas, es difícil mencionar a algún legendario director u orquesta con quien no haya tocado, y lugar donde no se haya presentado. Perteneciente a una generación que incluye a leyendas como Maurizio Pollini, Martha Argerich, Mitsuko Uchida, András Schiff, y otros, Freire mantiene una carrera fulgurante tanto en las salas de concierto como en los estudios, donde sigue grabando. Su discografía es extensa e incluye integrales de los principales compositores. Beethoven, Chopin y Brahms entre sus mas tocados.Freire vuelve a Lima luego de varios años y recuerda perfectamente cuando fue que tocó con la Orquesta Sinfónica Nacional la primera vez: "Celebrar los cumpleaños es muy importante, sobre todo una fecha como los 21 años. Ese lo pasé aquí, el 18 de octubre de 1965, en el Teatro Municipal. Dirigía Leopoldo La Rosa y toqué el "Emperador" de Beethoven" Nos comenta claramente. "Fue un concierto que pueden encontrar en los periódicos, en El Comercio o La Prensa. "Luego volví al año siguiente, y pasó un buen tiempo. Volví una vez mas hace unos 10 años, y este concierto será un reencuentro con la orquesta después de 50 años".Durante nuestra amplia conversación mencionó a muchos directores, orquestas y programas. Sorprende esa amplia memoria fotográfica. "Recuerdo muy bien lo antiguo sobretodo".Personalmente al entrevistar a un personaje con tanta trayectoria, para uno es difícil no hacer preguntas o cuestionamientos repetitivos. Sin embargo me interesa mucho saber cómo usted se acerca a los compositores, sobretodo a los clásicos que han estado en su carrera toda la vida, y cómo cambia su percepción de la interpretación de esos clásicos.Es una búsqueda eterna. Siempre se está aprendiendo, profundizando en la obras, es algo infinito. Se aplica la vieja frase "cuanto mas se, menos se".Dígame si me equivoco, pero entiendo que Beethoven, Chopin y otros son relevantes en esta eterna búsqueda.Brahms también. Lo descubrí a los 14 años cuando estudié el Concierto no. 2. Son obras que hacen parte de mi vida y me acompañan. Uno ve las raíces y como interpretarlas. Las obras son como personas, van cambiando pero las raíces se mantienen.Una vez el maestro Joaquín Achúcarro me comentaba, categóricamente, que el segundo concierto para piano de Brahms era la pieza mas grande escrita de toda la música. Se me quedó grabado. Usted, habiendo vivido tantos años con esta obra, ¿qué piensa de ella? En general se dice que Brahms es un compositor para interpretar en la madurez, y que su sonido es muy demandante.Mucha gente piensa que Brahms es un compositor de madurez y se interpreta cuando uno ya tiene trayectoria. Pero el hizo muchas obras cuando era joven. Escribió solo tres sonatas para piano, la Op. 1, Op. 2 y Op. 5. El primer concierto también y pasó mucho tiempo entre el primero y el segundo. Con el tiempo uno madura y va descubriendo muchos recursos en su música. Creo que la juventud no es algo que limite la interpretación, sino es cuestión de sensibilidad y percepción de la música. Yo siempre tuve mucha afinidad con el, mi preferido desde los 14. Cuando hay interés y pasión, no hay que esperar tener barba para tocar ciertas obras. Junto a Riccardo Chailly y la Gewandhaus de Leipzig grabó los dos conciertos de Brahms. Decca / © Gert MothesY cómo ha cambiado su idea de interpretar a Brahms a los 14, y cómo la ve ahora. ¿Ha cambiado?Como decía, las raíces quedan, claro que con el tiempo uno ve mas cosas, pero la esencia sigue igual.Entiendo que acaba de grabar el quinto concierto de Beethoven, otro de los grandes que lo ha acompañado siempre. Hablando de su sonido o la "marca Freire". ¿Es la misma, o ha ido cambiando con el tiempo?Creo que uno mejora con el tiempo, pero la mano es la misma. El sonido es algo muy personal que uno desarrolla...¿es muy difícil hablar de música, no cree? (ríe).Vladimir Ashkenazy me comentó una vez que a pesar de tocar diferentes repertorios, el se quedaba siempre con los clásicos. ¿Es también su caso?Siempre tuve mucho interés en leer nueva música y hacer repertorio. La música contemporánea si no me interesó mucho hasta ahora, no lo hará después. Es que me gustan tanto Chopin, Brahms, Beethoven, Prokofiev, hasta Villalobos, que me quedo con ellos. En el arte uno tiene que ser muy sincero.Sobre las nuevas generaciones de pianistas, es difícil escoger o tener un favorito, pero...¿Quiere saber cuál es mi favorito? (Daniil) Trifonov, sin duda...Estoy de acuerdo con usted...Yo fui jurado en los Concursos Chopin y Tchaikovsky. En el Chopin en 2010 estuve con Martha Argerich, y los dos le dimos el primer premio a Trifonov. Finalmente ganó el tercero, pero para nosotros es un fenómeno. Empezó muy joven y progresó muchísimo en este tiempo.Usted como Martha Argerich tiene una legión de seguidores que mantienen la tradición, no precisamente alumnos. ¿Cree usted que la gran tradición me mantiene vigente, ha progresado, es mejor o peor hoy?En el Concurso Chopin de Varsovia en 2010 que le mencionaba fue un concurso muy especial y de muy alto nivel, mas que en otras generaciones. Esto es algo que conversé mucho con Martha. Hoy hay muchos talentos muy grandes, pero las interpretaciones cambian. La palabra "mejor" no me gusta. Los de mucho antes eran fantásticos: Rachmaninov, Horowitz, Rubinstein...Siempre se dice que "el pasado fue mejor", pero para ustedes se espera que el futuro sea mejor...Y este presente está muy bueno.¿Cómo podría describirnos este segundo concierto de Brahms que interpretará este viernes?Es una gran obra que hay que escuchar y sentir. Tiene un gran carácter sinfónico y al mismo tiempo camerístico. Hay mucho amor en esta obra y tiene aspectos de la madurez de Brahms un dolor casi palpable. Si hay que hablar de música yo creo que hay que hablar de colores, materia. Es una música otoñal y una gran composición. Empieza con un tema muy simple, tres notas que suben y bajan, y forman una catedral con un efecto enorme. Es un tipo de composición muy de Brahms, con pocos elementos logra un efecto increíble.Freire se reencuentra con el público peruano este viernes a las 8:00 pm en el Gran Teatro Nacional, interpretando el Concierto para piano y orquesta no. 2 de Johannes Brahms, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Fernando Valcárcel. Entradas a la venta en Teleticket.

Johannes Brahms
(1833 – 1897)

Johannes Brahms (7 de mayo de 1833 - 3 de abril de 1897) fue un pianista y compositor alemán de música clásica del Romanticismo. A Brahms se le considera el más clásico de los compositores románticos, manteniéndose fiel toda su vida al clasicismo romántico y conservador influenciado por Mozart, Haydn y en especial Beethoven. Fue posiblemente el mayor representante del círculo conservador en la “Guerra de los románticos”. Sus oponentes, los progresistas radicales de Weimar, estaban representados por Franz Liszt, los miembros de la posteriormente llamada Nueva Escuela Alemana, y por Richard Wagner. Nació en Alemania, donde su obra romántica, conservadora y con un clasicismo muy contenido no fue bien recibida. Debido a esto, en 1862 se autoexilió en Viena, donde creó lo mejor de su repertorio sinfónico y de conciertos para instrumentos solistas diversos. Las expresiones Las tres bes o La santa trinidad (frase acuñada por Hans von Bülow) se refieren a Bach, Beethoven y Brahms como tres de los mayores compositores de la historia de la música.



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