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Música Clásica y ópera de Classissima

Johannes Brahms

martes 31 de marzo de 2015


Ya nos queda un día menos

Ayer

Barroco alemán para el Sábado de Pasión

Ya nos queda un día menosLa Semana Santa de Sevilla y Jerez son para mí la cita (¿cultural, religiosa, lúdica, emotiva?) más importante del año, y como quiera que suelo pasar el Domingo de Ramos –completo o en parte– en la ciudad de la Giralda, adelanté mi estancia al Sábado de Pasión para asistir a los dos conciertos que clausuraban el Festival de Música Antigua en su trigésimo segunda edición; el primero a la una del mediodía en la Sala Joaquín Turina y el segundo a las ocho y media en el Teatro de la Maestranza, en ambos casos con el barroco alemán como protagonista. Los dos me gustaron, pero ninguno de ellos me dejó honda huella. Por motivos distintos. Lo confieso: las sonatas a trío para violín, viola da gamba y continuo alemanas del último tercio del siglo XVII me interesan bastante menos que, pongamos por caso, la música de cámara de Brahms o los cuartetos de Bartók. Me agrada, me entretiene y por momentos me engancha, pero cuando termina me deja cierto vacío en mi interior. Claro que hay que matizar, porque me parecieron más sugestivas las tres sonatas de Buxtehude –una de ellas solo para gamba y continuo– que la de Krieger, la de Becker y la de Erlebach. Las interpretaciones del conjunto Hispalensis Armonioso me parecieron irreprochables. Lina Tur Bonet –nunca la había escuchado– y Rami Alqhai demostraron pleno dominio técnico del violín barroco y la viola da gamba respectivamente – sonidos robustos, nada ratoneros– , también un perfecto estilo barroco con todos sus diferentes recursos, pero además evidenciaron un fino olfato a la hora de hacer que lo alemán sonase precisamente eso, alemán, con toda su densidad y severidad, sin que ello supusiese rigidez, pesadez o falta de la gracia, la elegancia y la brillantez que también anida en estas músicas. El muy veterano Juan Carlos Rivera a la tiorba y el bastante más joven Alejandro Casal al clave y al órgano hicieron excelente música de cámara al mantenerse en una sobria discreción en el continuo sin que ello supusiese, antes al contrario, escasez de imaginación o de matices. Público escaso –en buena medida amigo de los intérpretes, sospecho– y muy entregado para un concierto de incuestionable alto nivel, pero en exceso didáctico sobre un periodo y un género muy concretos: podía haber ganado en lo expresivo con un repertorio más variado. En el concierto de por la noche no hay reparos que poner en lo que a la música se refiere: la Pasión según San Juan de J. S. Bach, menos profunda y humanística pero más inmediata y quizá más atrevida que su compañera –Rattle dice que el coro inicial le recuerda a Stravinsky– es una obra maestra absoluta. Si tampoco salí entusiasmado fue por la interpretación. Cada día que pasa Philippe Herreweghe me parece más sobrevalorado. No voy a insistir en ello, últimamente ya he escrito sobre el tema. Solo diré que su visión de la BWV 245 –versión de 1724– me sigue pareciendo muy hermosa en lo sonoro, particularmente bella por la asombrosa calidad del coro del Collegium Vocale de Gante; que se encuentra fraseada con fina sensibilidad, amplitud cantable y perfecto equilibrio entre ligereza y densidad –y no solo por la moderación numérica de las fuerzas congregadas–; que desprende un cálido recogimiento espiritual no exento de una sensualidad muy atractiva; pero también que las aristas están en exceso pulidas, que la brillantez y la teatralidad (¿pensaría el belga en el mojigato público de Leipzig que tantos problemas diera al Cantor?) brillan por su ausencia, que las tensiones internas se encuentran algo relajadas, que los claroscuros son escasos… Algunos melómanos siguen enjuiciando las interpretaciones de este repertorio en función del número de integrantes, de si los instrumentos son o no originales o del presunto rigor histórico, pero a mí me parece que lo que Herreweghe hace con esta obra está mucho más cerca de Simon Rattle que del más radicalmente historicista pero también mucho más áspero, dramático y contrastado John Butt, por citar versiones que he escuchado hace poco. Por eso mismo, y aun gustándome mucho su dirección, no me acaba de emocionar. La cuestión es menos subjetiva en lo que a los solistas vocales de la interpretación sevillana se refiere: yo estaba en la fila tres del patio de butacas y a los encargados de las arias, ciertamente no situados en la embocadura del escenario sino detrás de la orquesta, se les oía regular. Ya se sabe, voces todo lo históricamente informadas que se quiera y lo suficientemente flexibles como para integrarse en el coro cuando les correspondía, pero de escasa proyección en una sala grande, además de tímbricamente anodinas y un tanto planas en lo expresivo. A destacar, en cualquier caso, la fina sensibilidad del contratenor Damien Guillon por encima de la soprano Grace Davidson, el tenor Zachary Wilder –sustitución a última hora– y el ya casi mítico bajo Peter Kooy, un señor que a mí nunca me ha entusiasmado y que ya anda vocalmente tocado. Sólido el Jesús de Tobias Berndt –otra sustitución– y, éste sí, magnífico el Evangelista de Thomas Hobbs, aunque la comparación con lo que hace Mark Padmore en esta parte resulta inevitable. Dos pegas organizativas. Primera: ¿por qué no se colocan sobretítulos en una obra en la que el texto es tan fundamental? Segunda: ¿por qué la máquina de recogida de entradas en el Maestranza no funciona para este concierto? Al introducir la tarjeta me apareció aquello de “no tiene entradas pendientes que recoger”, así que tuve que ponerme en la cola cuando el espectáculo estaba a punto de comenzar. Me pasó a mí, le pasó a mi acompañante y le pasó a los dos matrimonios que venían detrás de nosotros. En la taquilla nos contestaron que era así porque el evento pertenecía al Femás y no a la programación del Maestranza, pero lo cierto es que tanto unas entradas como las otras se compran a través de GeneralTickets. Tome nota la organización. Ah, apenas tosedores esta vez en el Maestranza. Me decía un amigo que estaban todos a esa hora en el Miserere de Eslava en la Catedral. ¿Sería verdad?

Pablo, la música en Siana

22 de marzo

Gergiev primavera wagneriana

Sábado 21 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Orquesta y solistas del Teatro Mariinski de San Petersburgo, Coro de la FPA, Valery Gergiev (director). Wagner: La valquiria (acto I): Mikhail Vekua (Siegmund), Mlada Khudoley (Sieglinde), Mikhail Petrenko (Hunding). Parsifal (Acto III): Yuri Vorobiev (Gurnemanz), Evgeny Nikitin (Amfortas); Sergei Semishkur (Parsifal), Rosa Sarmiento del Campo (Kundry). Lleno en el auditorio ovetense de los que se recordarán para afrontar casi tres horas de Wagner en una ciudad operística aunque más verdiana que wagneriana pero con una orquesta de otra galaxia como la del Mariinski con Gergiev sumo sacerdote al frente, más que un reclamo una garantía de calidad. Con distintos cambios en el programa final e inmersos en una gira de las que no dan respiro, con obras y repartos solistas distintos, a Oviedo llegaron para regalarnos un acto primero de Die Walküre que no tuvo desperdicio ni peros desde la obertura que silenció móviles y toses aunque no el aire acondicionado. El trío vocal elegido resultó convincente, con calidad y timbres plenamente adecuados donde destacaron en orden el poderoso Hunding de Petrenko, con ganas de gustar recuperando por fin la cuerda de bajo auténtico, profundo decíamos hace años, y el Siegmund de Vekua, el típico "helden tenor" wagneriano, que no se achica ante el empuje orquestal, más Khudoley Sieglinde que fue creciendo a medida que avanzaba el acto, convincente, color metálico sin asperezas y un grave manteniendo uniformidad que al inicio quedó tapada por unos matices que en foso hubiesen resultado más adecuados para su volumen en ese registro. La orquesta de referencia, terciopelo y seda llevada a placer por un Gergiev que domina todo con sus manos (sin "palito" en la primera parte), contenido en ampulosidad y efectivo en el resultado. Cada sección responde a un leve movimiento de dedos el instante antes, los planos siempre claros tanto en los pianos como en los fuertes, solistas impecables y ese sonido ruso que parecía olvidado en estos lares. Esta Valquiria resultó única, cerrando los ojos podíamos descubrir cada cuadro, el vestuario, luces y sombras, hasta olores respirando la primavera de mayo, e incluso la Excalibur germana bautizada como Nothung saliendo del tronco pese a que Vekua estuviese pegado al atril frente a su "hermana" convencida y esperando un acercamiento físico que en escena no llegó. Impresionante primer acto. El Parsifal bajó un peldaño el nivel de los solistas, voces algo menos "wagnerianas" y más habituales en cualquier repertorio, aunque igualmente aceptables, con un Vorobiev Gurnemanz bien contrapuesto a Nikitin Amfortas más barítono que bajo, juegos tímbricos de colores en cada papel, tan distintos de la valquiria, y voces graves de las que se cayó en la primera nota un Parsifal con flemas y sin "gratitud en el encuentro", desfinando, parando en seco y pidiendo "sorry" para marchar con un portazo que nos dejó huérfanos aunque la orquesta con Gergiev pareció olvidar el incidente y sacar aún más paleta de texturas para regocijo instrumental. La primera intervención de los hombres del Coro de la Fundación más que meritoria, sin amilanarse ante el derroche sonoro, respetando los matices y sin recurrir al socorrido aumento de volumen, manteniendo presencia y buen gusto. Especial mención a las voces blancas (incluida la breve pero convincente intervención de Kundry Sarmiento) con un agudo larguísimo y traicionero pero mantenido sin fluctuaciones con un bellísimo sonido empastado con cuerda y madera que redondearon este final de Parsifal sin protagonista, salvo Valery Gergiev, director que pasará a engrosar los nombres que figuran en el hall del Auditorio. El coro que dirige José Esteban García Miranda sigue añadiendo obras y batutas de fama mundial a su historial y afrontando los repertorios sinfónico-corales con total solvencia. Amén del incidente "parsifalero" no me gusta la mala educación de parte del público, unos por no respetar los aplausos y marchar como alma que lleva el diablo (aunque fuesen las once de la noche pues ya sabían la duración antes de entrar), otros por un exceso de "clá" que confunden el entusiasmo con la chavacanería, aunque las pasiones se puedan desbocar en conciertos como el de hoy, pero con ser grande tampoco era para tanta confianza con el maestro Gergiev al que no me atrevería a tutear en mi vida. Se acerca la Semana Santa y las vacaciones, el Coro de la Fundación las preparará con el concierto extraordinario en compañía de la OSPA y Milanov con Un Réquiem Alemán (Brahms) con mi admirada María Espada totalmente distinto al Wagner de hoy, que me perderé con la convicción de otro éxito para este nuevo encuentro en casa. También presumo del Oviedo musical allá donde voy.




Pablo, la música en Siana

21 de marzo

Grandiosa discreción

Viernes 20 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 8, OSPA, Asier Polo (violonchelo), Corrado Rovaris (director). Obras de Mozart y Chaikovski. La musicóloga y chelista Andrea García Alcantarilla, autora de las notas al programa que incluyo como link en los autores del inicio, ofrecía la conferencia previa al concierto con el título "Mozart y Chaikovski: una huida hacia el pasado que inexorablemente culmina en el presente", ella misma reconociendo lo excesivo pero también razonando y explicándonos de forma clara la conexión entre dos autores que parecen (y lo son) tan distintos confluyendo en un gusto hacia las etapas anteriores, Mozart al italiano de la policoralidad veneciana de San Marcos y Chaikovski al rococó del joven Mozart que parecía ver la vida en rosa. Siempre está bien acudir a estas charlas tan ilustrativas que abren aún más los oidos para el concierto posterior porque esa hilo argumental tejería las tres obras a escuchar desde una aparente sencillez, puede que también entendiendo la discreción como virtud, con un director de la vieja escuela como el Maestro Rovaris que sin excesos pero con claridad académica, logró la máxima efectividad en un programa de los que no provocan grandes pasiones pero que son necesarios para todos, músicos y público. En sus anteriores visitas operísticas ya me convenció, pero lo de este viernes corroboró pese a su discreción, que es Maestro con mayúsculas. El director italiano dispuso a la orquesta, hoy con Eva Meliskova de concertino, de formas distintas para cada obra, un primer ejemplo de cómo debe mimarse el sonido, dejando instantánea prohibida de esa colocación que ayudó siempre a una escucha perfecta de las tres partituras. Mozart abría velada con su Serenata nº 6 en re mayor, K. 239 "Serenata nocturna" (1776), música de baile, que no molesta, rememorando los efectos buscados entre un cuarteto solista protagonista (con la citada Meliskova, Corpus, Moros y Mijno en estado de gracia) y el "grueso" donde los timbales en el centro ponían el cimiento de esta joya casi de juguete. El Maestro siempre pulcro, adelantándose lo necesario para recordar el matiz exacto, el tiempo que va también "in crescendo", dejando al cuarteto disfrutar y contagiar al resto. Toda una lección de música la Marcha: Maestoso, el imaginativo Minueto y sobre todo el Rondó: Allegretto - Adagio - Allegro dibujado como haría un orfebre sin levantar la mano, contraste barroco hecho clásico por el genio de Salzburgo. Cada visita de Asier Polo es un placer para el melómano y prueba del nivel que nuestros violonchelistas españoles tienen en un mercado competitivo al máximo donde el toque diferencial lo ponen músicos como el bilbaino. Las Variaciones sobre un tema rococó para violonchelo y orquesta, op. 33 (1876) de Chaikovski son agradecidas para el solista y más aún para la orquesta cuando desde el podio se domina todo el tejido de texturas como volvió a demostrar Rovaris. A partir del Moderato assi, casi Andante - Tema: Moderato semplice la obra va agrandándose en ornamentos que no oscurecen el motivo principal sino que están tan bien escritas para el colega en el Conservatorio de Moscú Fitzenhagen que el violonchelo se hace voz más allá del hermosísimo Andante del que todos hablan. El sonido del Francesco Rugieri (Cremona 1689) en las manos de Polo cautiva en todos los registros, incluyendo unos armónicos estratosféricos, en cada variación, con cada técnica aplicada no ya en las cuerdas sino también en el arco, obra de energía positiva que Asier transmite a todos, sonriente, elegante en el diseño y en la interpretación bien secundada por todos desde Rovaris. Las intervenciones de las maderas todo un ejercicio de color sin perder unidad, contestando y arropando al solista, misma intención en la misma dirección para una ejecución preciosista especialmente en la sexta variación, el "dichoso" Andante colocado en lugar estratégico por belleza más que concepción. La gratitud mutua vino en forma de propina con una obra de nuestro gran cellista y compositor Gaspar Cassadó, el Preludio - Fantasía de de la "Suite para violonchelo solo" (1926) digna de figurar directamente en el programa y ocupar mayor espacio en este comentario porque pudimos disfrutar de una interpretación íntima, bella, majestuosa, maravillando de nuevo ese arco prolongación del propio Asier Polo. Aperitivo de una obra grande aunque todavía vendría otro regalo, la Bourré de la Suite nº 4 de Bach, un triángulo equilátero, tres compositores para el instrumento más cercano a la voz humana que siempre hace perfectamente entendible el chelista vasco, con tres épocas en una sola visión maestra. La Sinfonía nº 40 en sol menor, K. 550 de Mozart forma parte de la memoria colectiva no solamente melómana. Perderemos la cuenta de las grabaciones, versiones y directos que atesoramos todos los presentes en el concierto y aún más mis fervientes lectores (gracias siempre), así como ejecuciones a cargo de nuestra orquesta, siempre la misma partitura pero distinta en cada momento. Estoy seguro que el jueves en Gijón fue otra visión del paisaje aunque contase con el mismo pintor y lienzo. Corrado Rovaris optó por la claridad total, la limpieza contagiada a las tres secciones que sonaron como nunca, todos a una, escuchando cada nota en equilibrios y protagonismos marcados en el instante previo por una batuta honesta y delicada, lejos de los estiletes o mandobles de otros, la izquierda puntualmente acertada, la cabeza asintiendo y el cuerpo balanceándose ocasionalmente. El Molto allegro sonó vivaz sin perderse nada, el Andante todo un remanso de belleza, el Minueto: Allegretto de una dramatización musical que daría para una sola lección por los diferentes planos dibujados entre madera y cuerda, para finalizar con el Allegro assai en pulsación mantenida con apenas rubato, todo ello con esta tercera colocación buscando el sonido adecuado a esta sinfonía de la que nuestra conferenciante hizo notar su composición global y central dentro de la llamada trilogía final, siendo "La 40" el gran movimiento central. Me imagino escuchar a continuación la última con estos mismos colores y pintor, OSPA y Rovaris porque la emoción y placer del concierto hubiese alcanzado cotas únicas. Estaremos atentos a la retransmisión por Radio Clásica de esta velada que me ha dejado feliz como hacía tiempo no sentía, puede que compensando mi ausencia vacacional para el Requiem Alemán de Brahms del próximo viernes 27. Aunque lea críticas nunca será igual que el irrepetible y mágico directo.

Ópera Perú

19 de marzo

Entrevista: Joaquín Achúcarro, un piano en si mismo

Greg Shaler Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)Un 1 de noviembre de 1932 nace en Bilbao Joaquín Achúcarro, quien se convertiría en un niño prodigio intérprete del piano. Debuta a los 13 años frente a la orquesta de su ciudad y logra tempranos éxitos. Fue cuando participa en 1959 en la famosa competencia internacional de Liverpool que gana el primer premio y con este triunfo inicia su exitosa carrera internacional. Este premio fue ganado el año anterior por el director de orquesta indio Zubin Mehta, quien al escuchar a este joven pianista dice: "Solo he escuchado este sonido en Rubinstein".Por más de medio siglo Achúcarro conquista el mundo e interpreta en las mejores salas y con los mejores artistas del mundo. Son más de 210 orquestas y 360 directores de orquesta con los que ha trabajado, con eminencias como Claudio Abbado, Sir Adrian Boult, Riccardo Chailly, Sir Colin Davis, Zubin Mehta, Sir Yehudi Menuhin, Seiji Ozawa y Sir Simon Rattle. Como si fuera poco, como solista ha dado miles de presentaciones en lugares míticos como el Avery Fisher Hall y Carnegie Hall de Nueva York, Philharmonie de Berlín, Concertgebouw de Ámsterdam, Kennedy Center de Washington, Musikverein de Viena, Royal Albert Hall de Londres, Salle Gaveau y Salle Pleyel de París, Teatro alla Scala de Milán, Suntory Hall de Tokyo, Sydney Opera House, Teatro Colón de Buenos Aires y The Barbican de Londres. Sigue a Ópera Perú en Facebook y Twitter.Ostenta importantes reconocimientos como el Premio Nacional de Música de 1992 y la Medalla de Oro de las Artes, entregada por el Rey Juan Carlos I. Es miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Comendador de la Orden de Isabel La Católica.Habiendo visitado el Perú varias veces, solo vino una vez en 2009 para presentarse como solista junto a la Orquesta de la Ciudad de los Reyes, dirigida por Pablo Sabat, interpretando el Concierto no. 2 de Brahms. Cuando recibió la invitación de Fernando Valcárcel para volver, no a acompañar sólo a la Orquesta Sinfónica Nacional, sino también a la Sinfónica Nacional Juvenil, no lo dudó y pidió hacer lo que más se pueda. Y es que Achúcarro tiene una relación muy estrecha con los jóvenes, como profesor por más de 20 años en la Universidad Metodista de Texas.Joaquín Achúcarro llega esta vez para interpretar tres conciertos: "Noche en los jardines de España" de Falla y el Concierto para la mano izquierda de Ravel con la OSN este viernes, y el Concierto para piano de Grieg con la OSNJ el domingo.Barrett Vantage ArtistsPero, ¿qué tan complicado es para un artista combinar tres obras con dos orquestas en ensayos alternados? "Fíjese, que alguna vez me ha tocado interpretar cuatro programas diferentes en días consecutivos", me cuenta al final de su primer ensayo con la OSN en el Gran Teatro Nacional. Achúcarro, a pesar de sus años, es una persona muy despierta y simpática que siempre busca el momento para dar una pizca de ironía pero con mucha sinceridad y carisma en cada comentario. Además es una enciclopedia del saber que ha conocido a los grandes artistas del último medio siglo, y de todos puede contar anécdotas que llevan a un consejo.Maestro, tengo una hipótesis: Hoy por hoy, la música se interpreta mejor que nunca, por la técnica, rigurosidad y respeto que se tiene por las obras del pasado. Los compositores clásicos estarían encantados de escuchar sus obras hoy. ¿Qué tan cierto es esto?Si, incluso en esas épocas los músicos tocaban de memoria, no seguían partituras. También con las grabaciones se ha mejorado. Hoy los músicos son muscularmente mejores que la media de los de mi generación.Entonces, ¿Cuál es la diferencia entre los pianistas de antaño y los de ahora?Hay una generación que está estudiando para ganar concursos y sólo para eso. Eso no les deja tiempo a visitar museos, a pararse delante de un maravilloso cuadro de Velásquez o Rubens, de tener pasión por algo que no sea tocar lo más rápido posible. El dejar de estudiar un rato y leer unas poesías de García Lorca, algo de Calderón de la Barca, Juan Ramón Jiménez, o salir simplemente un momento de la música y visitar otras artes. Puede decirse ¿y eso qué tiene que ver con que yo de esta nota o la otra? O sea, ¿son mejores técnicos pero no necesariamente mejores humanos?Con la invención del internet, no sabemos hacia donde irá la humanidad. Casi todas las veces que hay un cambio tecnológico, ha habido un cambio social importantísimo. Así como la invención del ferrocarril motivó la colonización de California y el avión a reacción motiva todo lo que somos ahora, el internet pues todavía no sabemos qué producirá. Es algo que da miedo, pues dentro de 20 años será totalmente diferente.Usted me dice que esta generación es mejor que la media de su generación, pero usted es parte de un selecto grupo de virtuosos.Es que yo he pasado mucho tiempo tratando de hacer hablar, cantar y reflexionar al piano. El número de sonidos que pueden salir de un piano es mayor que el número de partidas de ajedrez que se pueden jugar, que es 10 elevado a la 27 me parece. Lo que puede hacer, desde un sonido imperceptible hasta el más alto fortísimo, el manejo del pedal y la creación de esa especie de poesía de la cual no podemos definir absolutamente nada. Procuro también estar al nivel muscular de lo que pasa hoy.¿Hay algo, técnicamente hablando, de su generación o de sus predecesores, que esta generación no tenga en cuenta y deba hacerlo?La actual generación debería estar pensando en los infinitos sonidos que puede producir un piano y en lo que pasa, no sólo preocuparse de tocar una nota más rápida o más fuerte. Hay un punto de partida musical que si está respetado, pero hay un punto culminante de poesía, intimidad y recogimiento que falta. Por ejemplo, hace poco escuché una grabación de nocturnos de Chopin, casi todos como seguidos, no sé qué decir.Esto me hace pensar en otra pregunta, de que las grabaciones referenciales son válidas así como las grabaciones en vivo. A veces el artista se queja de que el público va con la idea de una excelente grabación en la cabeza y tiende a comparar con lo que oye en el teatro. ¿Qué tan difícil es esto para ustedes?Yo he aprendido enormemente de los discos de Rachmaninov, Rubinstein, Horovitz, Schnabel, Lipatti, Benedetti Michelangeli, todos estos gigantes de generaciones pasadas que grabaron. Ahora, la grabación requiere un estudio, días de trabajo, cambios, edición, como en las películas. Ahora creo que las grabaciones en vivo están al alcance de cualquiera pues no hay un solo concierto en que no se pueda grabar con un teléfono. Uno tiene que olvidarse que hay micrófonos y dirigirse al público que ha venido con los brazos abiertos, para transmitirles lo que creo que el compositor quería transmitirles. Mire si nos estamos poniendo difíciles.Suena muy lógico.Pues, primero tengo yo que interpretar lo que quiso decir el compositor, y él no me dejó más que un testamento criptográfico, que son unas notas en un pentagrama con una que dice "fuerte", otra que dice "piano", "crescendo" o "ritardando". Con eso yo tengo que formar una idea del drama del compositor, a través de un instrumento. Mire usted la cantidad de factores que hay que tomar en cuenta. Además, hay que ver el estado del instrumento, si el auditorio tiene un sonido seco o no, son muchos factores.Dicho esto, ¿para usted cuál es el punto de partida para una interpretación: Seguir la partitura en sí, o regirse de la grabación referencial? He tenido un debate reciente entre qué es lo más importante...Mi opinión es clarísima. Usted ha dicho "seguir la partitura". Yo le pregunto, ¿qué es seguir la partitura? ¿Tocar fuerte aquí o piano allí? En teatro, usted agarra un libro de Shakespeare, lo lee y lo recita de una manera y otro lo hace de otra manera, y los dos siguen la partitura. Recuerdo una vez cuando vi "El Rey Lear", se menciona nueve veces la palabra "yes". Oí a Lawrence Olivier decir de nueve maneras distintas cada uno de esos "yes". Creo que ya he contestado su pregunta, aunque todavía no del todo. Otro ejemplo: Usted tiene un árbol y le pide a 25 pintores diferentes que lo pinten. ¿Cree que todos son iguales? no hay ni uno. Creo que contesté a su pregunta.En parte. Aún no me queda claro si está bien o no el que, usted como músico, se base en la partitura e interprete con ella, pero yo como melómano pueda preferir una grabación referencial a su interpretación.Es que usted está acostumbrado a su grabación y cree que es la Biblia. Ahí yo distingo dos cosas: Cuando oigo a alguien que me sorprende y puedo aceptarlo porque me parece que tiene una lógica musical; y cuando hay otra cosa que me parece blasfema respecto a la música, eso ya no tiene discusión. Le cuento otra historia: Vaughan Williams, el compositor inglés, había ido a almorzar con un crítico, y este le decía que él no necesitaba escuchar una obra, pues solo leía la partitura y la escuchaba por dentro. Entonces llega el maître y pregunta ¿qué van a comer?, a lo que Vaughan Williams responde: "El señor nada porque le basta con leer el menú". (Risas). Creo que sigo contestando a su pregunta.Hablemos del programa que trae para estos dos conciertos. ¿Es cierto que un español es mejor intérprete de la obra de Manuel de Falla u otros compositores españoles que otros músicos?¡Si soy yo el mejor intérprete de la obra de Falla! (risas). Bueno, Rubinstein tocaba la música española que daba gloria oírlo. Ahí lo que sucede también es el ritmo interno, si un es flemático, sanguíneo...En ese sentido, ¿cómo se complementan estas dos obras de Falla y Ravel que incluye en el primer programa? ¿Hay alguna conexión entre ellas?Pues ellos eran muy amigos. Creo que Falla influyó en Ravel y Debussy, y Debussy, Ravel y Dukas influyeron en Falla de una manera espectacular y total. Cuando Falla llegó a París, su carta de presentación era la ópera "La Vida Breve". Albéniz le había dado unas cartas de presentación para Dukas, Debussy y Ravel, ya con eso lo reconocieron como uno de ellos. Se dice de "Noche en los jardines de España" que el cuerpo es español y el vestido es francés. Falla aprendió mucho de la orquestación de Ravel o intercambiaron ideas, no lo sabemos, pero es una cosa totalmente fructífera. Fue (Zubin) Mehta el que me dijo sobre "Noches...", la hicimos juntos y el por primera vez. Ve los solos para orquesta y me dice: "¡Pero si esto es Wagner!" y efectivamente la orquestación de Falla es fantástica y da mucho que pensar, es una obra de una profundidad enorme. El mezclar el flamenco con lo luminoso de la noche, con las sensaciones casi olfativas del perfume de esta obra, gracias a las orquestaciones, que a lo mejor se las tomó prestadas a Ravel, o Ravel a Falla, no lo sabemos...Entonces, ¿todavía hay una deuda con Falla en el sentido de redescubrir su obra?Yo no tengo ninguna deuda. A mí me parece uno de los grandísimos, grandísimos, grandísimos, a pesar de lo poco de su obra. Le tardó siete años escribir "Noches...", y no sé qué crítico hablaba de las siete versiones que hizo sólo de la primera canción de las "Siete canciones españolas", siete veces distintas. Sus obras las escribía y reescribía, cambiaba las notas, el tempo, hasta llegar al resultado final. Chopin mismo también, lo que tuvo que sufrir...Yo cada vez pienso más en el compositor, en lo que ha sufrido para escribir, salvo Mozart y Bach, que esos no han sufrido nada.Y usted al volver a interpretar estas obras, ¿sigue descubriendo nuevas sensaciones, sonidos, reinterpretaciones o expresiones?Tanto como reinterpretaciones no, pero detalles en los que no había pensado, nuevos sonidos y nuevas posibilidades, creo que no ha habido una vez en que haya tocado y no haya descubierto algo que me parece puede servir para la siguiente vez.Hablando del Concierto de Grieg que interpretará con la OSNJ en el segundo programa, y que de alguna manera es más romántico y tiene, digamos, otra esencia o produce otro resultado. ¿Cuál es su opinión? ¿Por qué lo interpretará?Primero, es un concierto brillantísimo. Usted me ha preguntado ¿Por qué? y yo le hubiera contestado ¿Y por qué no? Lleva más de cien años tocándose y haciendo las delicias de todo, porque tiene el lado romántico, virtuosísimo, brillante, poético, y tiene un qué se yo que los que no somos noruegos nos parece que tiene algo de nórdico que nos transmite. Yo tengo algo de noruego también, pues mi bisabuelo, que era noruego, era pariente de Grieg. Mi abuela era prima de Grieg, que se quedó en Bilbao y murió allí, pero mantuvo una relación enorme con Bergen, de donde él era también. Todavía tenemos unos parientes con los que nos escribimos de vez en cuando.¿Así que es una cuestión de genes o de motivación?¡Y quién soy yo para contestar a esa pregunta! Del tema de genes no cabe duda, pues de otra manera no hay como explicar el genio de Mozart, Bach, Beethoven, Schubert, Brahms o Ravel. Pero hoy recién estamos aprendiendo cómo funciona el cerebro, sus células y sus explicaciones científicas. Estamos una vez más frente a los desconocido, en que cuando se contesta una pregunta, surgen otras diez. Yo no sé si es genético o es por talento. Hasta donde sepa nadie me ha sabido explicar qué es el talento, y si es innato, pues ¿Qué es lo innato?¿Hay algún compositor o pieza que no haya interpretado hasta ahora y le gustaría hacerlo?Hay millones de piezas. Tengo un repertorio bastante razonable pero hay muchas que me gustaría aprender y no creo que lo haga. Fíjese, Alicia Larrocha me preguntó, cuando tenía yo unos 40 años: - ¿Piensas hacer toda la Suite "Iberia"? - Pues chica, no lo sé todavía, toma un par de números... - Pues ya puedes darte prisa porque pasan los años y no vas a tener tiempo de estudiarla (risas). Entonces no toco toda la Suite Iberia, ni toco todas las Sonatas de Beethoven. Yo lo que si quisiera es ir a fondo en las cosas que estudio, pero no intelectualmente como el crítico inglés que leía el menú, sino física y sensorialmente. Vamos a parafrasear a Einstein en el Espacio-Tiempo que precisamente son los cien años de su teoría: Vamos a llamarle el Tiempo-Sonido en música, cómo se combinan unas cosas con otras. Hay sonidos que requieren un tiempo más denso, más grande. Piense usted en Scarlatti, en Mahler o en Gershwin, son totalmente distintos.¿Usted tiene esperanzas en el futuro musical?(Silencio) ¿Y qué más da si yo tengo esperanzas o que no las tenga?(Risas) Quiero su opinión...Creo que dentro de 50 años se hará música de manera distinta, y no sé cómo será.Gracias.Mientras Achúcarro coordina temas de su agenda de los próximos días, le pido una foto. "Ah, ¡un selfie!" Saca un peine del bolsillo, se arregla, y procedemos a tomarlo. Ambos con amplia sonrisa.Achúcarro ensayando con la OSNJ (Ministerio de Cultura) Orquesta Sinfónica NacionalCuarto Concierto: Viernes 20 de marzo, 8:00 p.m.Gran Teatro NacionalDirector: Fernando Valcárcel (Perú) Solista: Joaquín Achúcarro, piano (España) Edgar Varese / Tuning up (estreno en Perú)Manuel de Falla / Noche en los jardines de EspañaMaurice Ravel / Concierto para la mano izquierdaMaurice Ravel / Suite N° 2 de “Dafnis y Cloe”Orquesta Sinfónica Nacional JuvenilPrimer Concierto 2015 - 22 de marzo, 5:30 p.m.Solistas: César Conde (corno), Joaquín Achúcarro (píano).PROGRAMAJean Sibelius / Finlandia, Op. 26 Richard Strauss / Concierto para corno N°. 2 (estreno en Perú) Edvard Grieg / Concierto para pianoEntradas a la venta en Teleticket y boletería del teatro.Sigue a Ópera Perú en Facebook y Twitter.



Ópera Perú

16 de marzo

Joaquín Achúcarro vuelve a Lima en dos conciertos

Una de las grandes leyendas del piano, el español Joaquín Achúcarro, vuelve a Lima para interpretar tres obras con la OSN y OSNJ. Imperdible eventoPor Gonzalo Tello (Ópera Perú)Esta semana recibiremos la visita de una de las leyendas del piano, el español Joaquín Achúcarro, quien interpretará tres obras con dos orquestas, en dos conciertos diferentes, en el Gran Teatro Nacional.A sus 82 años, Achúcarro ha logrado los mas altos méritos artísticos. Su carrera la inició a los 13 años, y en 1959 ganó la Liverpool International Competition (Zubin Mehta ganaría el año anterior), posteriormente logrando debutar con la London Symphony Orchestra. Su larga carrera incluye presentaciones en 59 países, y colaboraciones con nada menos que 206 orquestas y 358 directores. Esta enorme cantidad de trabajo se sustenta en una calidad superlativa. Zubin Mehta una vez dijo, "Sólo he escuchado este sonido en Rubinstein". Sigue a Ópera Perú en Facebook y Twitter.En España ganó el Premio Nacional de Música en 1992 y en 1996 recibió la Medalla de Oro de la Artes, de manos del Rey Juan Carlos I. Además es miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Comendador de la Orden de Isabel La Católica.Su repertorio es completo y tiene una vasta discografía. La primera vez que Achúcarro llegó a Perú como intérprete (había visitado antes el país por turismo) fue para interpretar el Concierto para Piano no. 2 de Johannes Brahms, junto a la Orquesta de la Ciudad de los Reyes, dirigida por Pablo Sabat.Achúcarro sigue avocado a la enseñanza, desde la Southern Methodist University. Por esas ganas de interactuar y mostrar su talento con los mas jóvenes, Achúcarro acepta la invitación de los Elencos del Ministerio de Cultura para participar en dos conciertos.El viernes 20 a las 8:00 pm, con la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú dirigida por Fernando Valcárcel, interpretará dos obras: "Noche en los jardines de España" de Manuel de Falla y el "Concierto para la mano izquerda" de Maurice Ravel. Este concierto incluirá además el estreno en Perú de "Tuning up" de Edgar Varèse y la suite no. 2 de "Daphnis et Chloé" de Ravel.El domingo 22 a las 5:30 pm realizará otra presentación, abriendo la Temporada 2015 de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil. Aquí interpretará el Concierto para Piano de Edvarg Grieg, bajo la dirección de Pablo Sabat. El concierto también incluye "Finlandia" de Sibelius, y el estreno en Perú del Concierto para Corno y Orquesta no. 2 de Richard Strauss, a cargo de Cesar Conde.Dos eventos a precios increiblemente bajos para disfrutar del talento de un extraordinario artista, de esos que ya no se ven tan fácilmente y que trae la tradición de los grandes maestros. Las entradas se encuentran como siempre en Teleticket y boletería del teatro.

Johannes Brahms
(1833 – 1897)

Johannes Brahms (7 de mayo de 1833 - 3 de abril de 1897) fue un pianista y compositor alemán de música clásica del Romanticismo. A Brahms se le considera el más clásico de los compositores románticos, manteniéndose fiel toda su vida al clasicismo romántico y conservador influenciado por Mozart, Haydn y en especial Beethoven. Fue posiblemente el mayor representante del círculo conservador en la “Guerra de los románticos”. Sus oponentes, los progresistas radicales de Weimar, estaban representados por Franz Liszt, los miembros de la posteriormente llamada Nueva Escuela Alemana, y por Richard Wagner. Nació en Alemania, donde su obra romántica, conservadora y con un clasicismo muy contenido no fue bien recibida. Debido a esto, en 1862 se autoexilió en Viena, donde creó lo mejor de su repertorio sinfónico y de conciertos para instrumentos solistas diversos. Las expresiones Las tres bes o La santa trinidad (frase acuñada por Hans von Bülow) se refieren a Bach, Beethoven y Brahms como tres de los mayores compositores de la historia de la música.



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