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Música Clásica y ópera de Classissima

Johannes Brahms

sábado 18 de abril de 2015


Pablo, la música en Siana

11 de abril

VigoroSO Perry

Pablo, la música en SianaViernes 10 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 9, OSPA, Perry So (director). Obras de Schumann, G. Connesson y Brahms. Cada visita de Perry So al frente de nuestra orquesta es una inyección de vigor, alegría y magia, contagia vitalidad a cada partitura y conecta a la perfección con los músicos a los que eleva a la máxima categoría insuflando una confianza que siempre da como fruto conciertos plenos. El programa de este viernes tuvo tres momentos completos y una compleja unidad a pesar de las apariencias. La Obertura, Scherzo y Finale, op. 52 (1841) de Schumann fue casi una sinfonía incompleta, poquísimo escuchada y con todo el estilo plenamente romántico en el que nuestra orquesta brilla casi siempre, más cuando desde el podio se marca todo a la perfección dotando de sonoridades únicas a la formación asturiana. Cada sección rivaliza en calidad con las demás, lo que pone el listón altísimo, con la colocación "vienesa" que para estos repertorios pienso es la idónea. Las cuerdas graves de la Obertura llegan a todos y la rítmica estuvo clara con ese "abrazo" que envuelve todo, más en el Scherzo que con mano firme por parte del maestro So alcanzó ese vigor que parece inundarlo todo. El Finale estuvo tan claramente expuesto en el contrapunto inicial que daba gusto escuchar cómo pasaba de unos a otros hasta la coda homofónica potentísima. Escuchaba por vez primera Un rayo de luz en la era de la oscuridad (2005) del francés Guillaume Connesson (1970) que tras la conferencia previa de Alejandro G. Villalibre, autor de las notas al programa -enlazadas al inicio en los autores-, pareció más actual aún aunque en "Música y universo: el sonido del espacio" apenas se citó la obra pero sí las relaciones de siempre entre dos mundos desde los astrónomos, físicos filósofos, también músicos, sin olvidar cómo la imagen cinematográfica hace más creíble cualquier género o forma musical que en estado puro y sin ese apoyo podríamos calificar de infumable, pero no es el caso de esta otra "obertura" para una "Trilogía Cósmica". Si el propio compositor la describe como "música pastoral cósmica" el trabajo tímbrico y la orquestación van más allá de cualquier evocación aunque ayude a una mayor o mejor comprensión de la partitura. Orquesta con percusión abundante y tratamiento muy específico (como en los platos con arco), más arpa, piano, celesta y demás arsenal de viento tan del gusto de los contemporáneos pero tratada con maestría tanto en el desarrollo de las secciones como en la narrativa que Perry So tuvo clara, conocedor de la obra en Los Ángeles. La gradación dinámica hasta el oscuro silencio y posterior destello de luz casi cegadora se consiguió con un trabajo de todos los músicos volcados con una obra madura y cercana en el tiempo, destacando el oboe y el cello pero también el solo de trompa en la parte central y sobre todo el magisterio del director chino. Música agradable y fácil de escuchar sin excesos arbitrarios desde una concepción más allá de las descripciones que siempre ayudan. El auténtico protagonista sería Brahms y su Sinfonía nº 3 en fa mayor, op. 90, nada de "cenicienta" de su hermana Cuarta, capaz de emerger tras su escucha como la libertad orquestal desde la individualidad. Hay buenas versiones para una difícil elección que los melómanos atesoramos: Bernstein con la Filarmónica de Viena, Abbado con la Staatskapelle de Dresde, incluso Haitink y la Chamber Orchestra of Europe, sólo por dejar tres ejemplos distintos e igualmente hermosos (además de los enlazados anteriormente). Al final el maestro chino, pero de formación yanqui, elevaba la partitura ante las largas ovaciones que le obligaron a saludar repetidas ocasiones y compartiendo con los músicos una interpretación magistral. Sinfonía que hace protagonistas a cada uno de los atriles, exigente con todos los solistas y respuesta impecable por parte de ellos. De los metales: trompas seguras como nunca, ensambladas a la perfección, trombones poderosos y precisos, trompetas capaces de claroscuros increíbles. Las maderas en plena competencia por sonar con toda la musicalidad que el genio de Hamburgo pone en sus intervenciones: clarinetes exhultantes, oboes evocadores, flautas levantando vuelo, fagotes como violonchelos en ataques y fraseos. Los timbales contenidos pero presentes y exactos. Pero la cuerda merece un punto y aparte. No recuerdo una sonoridad tan vigorosa, clara, incisiva, presente como esta vez. El Allegro con brio marcó un antes y un después, el Andante recreó con el viento momentos irrepetibles, el conocido y versioneado Poco allegretto más cantable que nunca y el Allegro final una explosión de júbilo. Los cellos presentes, precisos y preciosos, como nunca, las violas protagonistas pocas veces con un sonido maduro, los contrabajos deleitándonos con cada nota, y los violines un auténtico acierto, contemplando los arcos alternando arriba y abajo para alcanzar el equilibrio dinámico deseado (como explicaba el maestro a OSPA TV), la tensión contrapuesta a la seda, presencia que en Brahms logra esos clímax que nada gustaron en su momento y ahora revolverían a muchos en sus sepulturas. Perry So dominador de la obra de cabo a rabo llevó a la OSPA a la cima sonora, intepretativa, volcados con el ímpetu y vigor joven de ideas claras que dieron como resultado un concierto realmente para grabarlo en nuestra memoria colectiva, intérpretes y público. Sólo queda mantener el grado de exigencia porque la demostración de gran capacidad que tiene nuestra orquesta no está nunca en entredicho y a este concierto nos referiremos cada vez que bajen un escalón por pequeño que sea. Enhorabuena a todos, el titular tenía que finalizar en So: explendoroSo, fabuloSo, maravilloSo, contagioSO... finalmente vigoroSO Perry.

Ya nos queda un día menos

11 de abril

Bělohlávek con la Filarmónica de Berlín

En la entrada anterior hablé de la clásica grabación de los conciertos para piano y violín de Arnold Schoenberg a cargo de Rafael Kubelik, prometiendo que ahora comentaría las que acaba de publicar Peral Music con Daniel Barenboim de protagonista. No cumplo mi promesa, porque aunque ya las he escuchado –adelanto que me han parecido espléndidas–, prefiero antes decir algo sobre una filmación del Concierto para piano que me ha deslumbrado. Son sus protagonistas Pierre-Laurent Aimard, Jiří Bělohlávek y la Filarmónica de Berlín, correspondiendo a un concierto celebrado en la Philharmonie de la capital alemana el 24 de abril de 2014 que se puede visualizar a través de la Digital Concert Hall abonándose a la referida plataforma –cosa que les recomiendo– o pagando por este programa concreto. Pierre-Laurent Aimard deslumbra con un sonido variadísimo, de lo muy percutivo y poderoso a lo extremadamente sutil, llenando su parte de vehemencia sin perder el absoluto control de los medios y mostrando una enorme capacidad resultar mágico, sugestivo y poético. No sé si Barenboim lo hace igual de bien –tengo que escuchar las dos interpretaciones otra vez, una detrás de la otra–, pero lo que sí tengo claro es que la aproximación del pianista francés me gusta más que la de Brendel, por ser más rica en su enfoque –Aimard sí que se atreve a meterle caña al piano cuando hace falta– y más apasionada; también me gusta más que la de Uchida, en cualquier caso magnífica en su registro junto a Pierre Boulez realizado para Philips en 2000. Bělohlávek no se queda atrás. Sin poseer la formidable capacidad de análisis del citado Boulez, el maestro checo ofrece una recreación no solo intensa, visceral cuando debe y de una gran inmediatez expresiva, sino también muy rica en el color, sensual y llena de apasionamiento digamos que “romántico”, atendiendo a todos los posibles pliegues de la partitura. Ni que decir tiene que la portentosa musicalidad de los solistas berlineses, que tocan con más intencionalidad que los de las orquestas de Múnich –con Kubelik–, de Cleveland y de Viena –en ambos casos con Boulez–, hacen mucho por elevar el nivel de esta interpretación a lo más alto. Difícil es concebir una lectura más intensa y arrolladora: se acabó lo de Schoenberg como compositor cerebral. Hay más, claro. El programa berlinés en cuestión se había abierto con una suite sinfónica de esa formidable música que es De la casa de los muertos, de Janáček. Aquí Bělohlávek  se mueve como pez en el agua, claro, ofreciendo una interpretación muy vehemente, cálida y llena de pasión pero también muy controlada, dicha con el lenguaje rústico, incisivo y lleno de asperezas que le conviene al autor, pero sin renunciar a la suntuosidad sonora de la formidable orquesta. ¿Algún reparo? Un poco más de claridad no le hubiera venido mal, la verdad. Cuarta sinfonía de Brahms en la segunda parte del programa. Interpretación de apreciable nivel, ya que no creativa ni particularmente inspirada, en la que el fogoso Bělohlávek se decanta decididamente por los aspectos más encendidos y dramáticos de la partitura –también en el segundo movimiento, antes escarpado que reflexivo u otoñal– sin dejar de frasear con cantabilidad y holgura ni de ofrecer la sonoridad cálida y densa que exige la música del autor; la Filarmónica de Berlín, tratada por el maestro con el punto de rusticidad que a él le gusta, resulta de lo más adecuada. Ahora bien, hubiera sido conveniente que junto a tanta inflamación –poderosísimo, lleno de empuje el tercer movimiento, implacable en su dramatismo el cuarto– se hubiese indagado también en el lirismo al mismo tiempo sensual y doliente que alberga la partitura, así como en sus sugerentes posibilidades atmosféricas. En este sentido resulta inevitable la comparación con lo que en 2013 consiguió Andris Nelsons frente a la misma orquesta: sencillamente, una de las más grandes lecturas –con permiso de Carlo Maria Giulini– que se han comercializado de la magistral sinfonía. Pero esa es otra historia.




Ópera Perú

9 de abril

OSNJ presenta ambicioso programa este domingo

Lukáš Vondráček, Pianista checo (Difusión MinCul)La Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil presentará este domingo un ambicioso programa que incluye el Dueto-Concertino para clarinete, fagot, cuerdas y arpa de Richard Strauss, La Rapsodia sobre un tema de Paganini, Op. 43, para piano y orquesta de Sergei Rachmaninov y la famosa Sinfonía no. 5 de Ludwig V. Beethoven. Los solistas serán los peruanos Gonzalo Guerra en el clarinete y Mauricio Quiñe en el fagot. Ambos son miembros de la OSNJ. La obra de Paganini será interpretada por el pianista checo Lukáš Vondráček. La dirección estará a cargo de su titular, Pablo Sabat.Lukáš Vondráček debutó a los cuatro años de edad como pianista. A los 15 años se presentó por primera vez con la Orquesta Filarmónica Checa dirigida por Vladimir Ashkenazy, a lo que siguió una importante gira por los Estados Unidos en 2003. Gracias a su segura y natural musicalidad, junto a su remarcable habilidad técnica, Vondráček se ha destacado como un músico de gran talento y madurez. En el transcurso de su carrera ha trabajado con directores de la talla de Paavo Järvi, Gianandrea Noseda, Marin Alsop, Christoph Eschenbach, Zdeněk Mácal, Pietari Inkinen, Vasily Petrenko, Jakub Hrůša, Christoph Poppen, and Anu Tali.Sus actividades para la temporada 2014-2015 incluyen conciertos con la Orquesta Sinfónica de Trondheim con Krzysztof Urbanski y con la Orquesta Sinfonica del Estado de Sao Paulo dirigida por Marin Alsop. Este año, Vondráček presentará un recital en el Queen Elizabeth Hall en Londres como parte de las International Piano Series. También ha actuado como recitalista en el Wigmore Hall de Londres, el Carnegie Hall de Nueva York, la Tonhalle de Zurich, la Konzerthaus de Viena, la Concertgebouw de Amsterdam, la Casa da Musica en Porto, el Palais des Beaux Arts en Bruselas, la Cité de la Musique de París, el Auditorio Nacional de Madrid, la Washington Performing Arts Society, las Boston Celebrity Series así como el Festival La Roque d’Anthéron y el Gilmore Festival. Regularmente se presenta con agrupaciones tales como las Filarmónicas de Londres, San Petersburgo y la Royal Liverpool, la Philharmonia y la Gulbenkian; la Sinfónica de Viena, la Orquesta Tonhalle de Zurich, la Deutsches Symphonie-Orchester de Berlin, la NDR Sinfonieorchestrer de Hamburgo, la Orquesta Sinfónica NHK de Japón y las Orquestas Nacional de Washington y la de Cincinnati. Ha realizado giras con la Orquesta Sinfónica de Euskadi, y la West Australian y Sidney Symphony.Luego de estudiar en la Academia de Música de Katowice (Polonia) y en el Conservatorio de Viena, Lukáš Vondráček obtuvo un Diploma de Artista con Honores en el Conservatorio de Nueva Inglaterra, en Boston, donde estudió con Huang-Kuan Chen Ha recibido los primeros premios en los concursos internacionales de Hilton Head y San Marino y obtenido distinciones en la Unisa International Piano Competition de Pretoria, South Africa, así como el Raymond E. Buck Jury Discretionary Award en el Concurso Internacional de Piano Van Cliburn del año 2009. Su primera grabación comercial es un disco con obras de Mendelssohn, Liszt, Janáček and Dohnányi, del año 2004.Realizó una segunda en el año 2012 con obras de Haydn, Rachmaninoff y Prokofiev. Su disco más reciente, con música de Brahms, salió al mercado en el otoño de 2013 en el sello ORF.El concierto será este domingo a las 5:30 pm en el Gran Teatro Nacional. Entradas en Teleticket y boletería.II CONCIERTOOrquesta Sinfónica Nacional JuvenilLukas Vondracek, piano (Rep. Checa) Gonzalo Guerra, clarinete (OSNJ - Perú) Mauricio Quiñe, fagot (OSNJ - Perú) Pablo Sabat, director (Perú)Programa: R. Strauss: Dueto-Concertino para clarinete, fagot, cuerdas y arpa S. Rachmaninoff: Rapsodia sobre un tema de Paganini, Op. 43, para piano y orquesta Beethoven: Sinfonía No. 5, Op.67.Domingo 12 de abril, 5.30 pm. Gran Teatro Nacional

Pablo, la música en Siana

8 de abril

Moscovitas: más que dulces

Martes 7 de abril, 19:45 horas. Teatro Filarmónica: Concierto 1.922 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Dúo Ignacio Rodríguez Martínez de Aguirre (violín), Sergey Bezrodny (piano). Obras de Bach, Beethoven, Prokofiev y Brahms. Sigo disfrutando de la música allá donde voy pero comprobar cómo crecen en el amplio sentido de la palabra mis jóvenes amistades es algo que no tiene palabras. Alegría, orgullo, admiración por las familias que siempre están apoyando, sacrificándose, dando a sus hijos la mejor formación posible y compartir momentos como el de este primer martes de abril. Las sociedades filarmónicas siempre son la plataforma ideal para formar públicos e intérpretes, congratulándome que la centenaria ovetense, a la que tantos años estuve abonado, siga apostando por los jóvenes valores ofreciendo la posibilidad de foguearse, enfrentarse a conciertos de auténtica envergadura y sentir el calor del respetable, esta vez no ya el habitual, que va cumpliendo años, sino el contemporáneo del solista, compañeros y amigos de su generación, valores que tenemos que mantener desde una educación musical que complete la formación integral del individuo, algo que el actual gobierno no quiere o no sabe entender, relegando la "Música" a la categoría de materia optativa, perdiendo horas y considerándola como una materia que distrae. Sin comentarios. Al violinista Ignacio Rodríguez (Oviedo, 1996) le sigo casi desde sus inicios, los mismos que podemos disfrutar en los vídeos de YouTube© apreciando la impresionante evolución en estos pocos años, formándose continuamente, actualmente cursando los estudios superiores en el CONSMUPA, afrontando repertorios cada vez más difíciles con una madurez interpretativa digna de destacar. Sus maestros han ido tallando un músico internacional con acento ruso: Vasiliev, Dourgarian, Lev, también a Teslya, Zhislin, Lomeiko y Krysa, pero especialmente Boris Belkin, un ruso enamorado de Asturias al que nuestro artista cautivó, viajando a Maastricht o Siena muchos años para ampliar estudios y entrar en la nómina del importante alumnado del genial violinista ruso. No quiero olvidar un detalle que parece recurrente y que me sirvió de inspiración para mis primeras notas al programa nada menos que con "Los Virtuosos de Moscú" y Spivakov, su llegada a esta tierra cuando "Don Ignacio no estaba ni proyectado", esa apuesta por Asturias y todo lo que supuso, no ya colocarnos en el mapa musical internacional sino también sentar unas bases que de nuevo la miopía política de turno casi destrozan o dejan inacabadas como algunas carreteras, ferrocarriles del siglo XXI con velocidad del XIX y tantos proyectos incompletos o totalmente parados cual monumentos al despilfarro, a la ignorancia y a la incultura. Al menos muchos de aquellos virtuosos vinieron con amistades y familias, optando por quedarse pese a todo, cambiando la mentalidad de muchas familias sobre la educación musical profesional, no junto a otra carrera universitaria sino toda una vida dedicada a la música como profesión, algo que los rusos siguen reclamando, convenciendo y apostando por ello. De aquellos rusos virtuosos Sergey Bezrodny (Moscú, 1957) se quedó entre nosotros para 25 años después demostrar a muchos cómo la constancia, la paciencia, el trabajo y por supuesto el tiempo, acaban dando resultado, optando por acompañar a un joven violinista asturiano que podrá presumir de tener en su historial al pianista de otros grandes instrumentistas, todo un Maestro con el que Don Ignacio sigue aprendiendo y creciendo. Las obras elegidas para este concierto fueron un pequeño muestrario de dificultades con las tres "b" de Bach, Beethoven y Brahms sumándose la del propio Bezrodny, para un complemento ruso en interpretación y acento perfecto para Prokofiev o la propina de Rachmaninov, dando ese toque moscovita como el dulce ovetense que tiene fama nacional. Soledad abrumadora del violín con los tres primeros movimientos de la Partita nº 2, BWV 1004 en re menor de Bach que sirvió para apreciar cuánto trabajo (interpretado de memoria) y esfuerzo esconden sus movimientos, el instrumento junto al órgano donde "el kantor" volcaba su inspiración: Allemande más que un calentamiento de dedos, arco amplio y pulsación fuerte, la Courante con auténtico desparpajo juvenil de Ignacio, técnica cuidada y sonoridades suficientes y la Sarabanda íntima, dolorosa, profunda para un músico de pocos años que siempre volverá a "Mein Got" como revisión y recreación. La Sonata nº 1 op. 12 nº 1 para violín y piano en re mayor de Beethoven la tengo grabada en mi memoria al haberla estudiado en mis últimos años de conservatorio, y la pude volver a degustar por estos mismos intérpretes en Gijón, comentando entonces la importancia del diálogo para una partitura donde el protagonismo está repartido, intención y fraseos, planos sonoros en continua vorágine pese a ser aún "clásica" aunque despuntando el romanticismo que instaurará el sordo genial. Respeto del alumno ante el maestro para un diálogo en tono de voz sosegado, casi susurrado y contenido en los tres movimientos, el Allegro con brio contenido, evitando sobresaltos, el Tema con variaciones: Andante con moto momento álgido tras el tranquilo tema inicial, palabra del Maestro al piano que el Alumno intenta contestar, intervenir tímidamente hasta que desarrollarán tensiones resueltas "románticamente" cual discusión que se enzarzase y elevase un poco de volumen antes de alcanzar el Rondó: Allegro final encauzando la conversación con distintos puntos de vista desde el respeto mutuo, protagonismos alternados, entendimiento musical desde ese idioma universal que tanto Ignacio como Sergey transmitieron al respetable. Para la segunda parte y una vez superada la primera contenida, el ímpetu joven salió a la luz con el apoyo veterano y dominador del idioma, la Sonata nº 2 Op. 94 bis en re mayor (Prokofiev) que sonó más moscovita que nunca en el violín de un Ignacio Rodríguez volcado en expresión desde el Moderato inicial, arropado con esa base magistral de Sergei Bezrodny, total entendimiento y mismo acento ruso sin fisuras, cercanía del lenguaje, lectura de envergadura en una traducción musical equilibrada y fresca para un diálogo profundo sin edad, al mismo plano con la seguridad del trabajo bien hecho para un examen lleno de trampas en el Presto - Poco piu mosso del Tempo I que el aventajado violinista superó sin dudar. Remanso en el Andante que volvió al equilibrio piano-violín lleno de musicalidad y fraseos limpios desembocando en otro catálogo de turbulencias y juegos agógicos compartidos: Allegro con brio - Poco meno mosso Tempo I - Poco meno mosso - Allegro con brio, idioma entendible para una obra compuesta en los años 30 que mantiene la misma frescura que demostró el dúo. Largos y merecidos aplausos para el esfuerzo y arte demostrado por el dúo. Y para rematar nada más profundo que el póstumo Scherzo en do menor (Brahms), auténticas palabras mayores para los dos intérpretes, hondura filosófica, escritura honda y exigente, casi cuartetística reducida a dúo, puro romanticismo para ambos intérpretes desgranando sonoridades impresionantes, sin complejos, de nuevo la memoria de Ignacio Martínez y el oficio en Sergey Bezrodny, brevedad de la vida en el último suspiro con dos ópticas: la juvenil que contempla lejano ese momento y la madurez intermedia para una deseada larga existencia, visiones unívocas musicalmente apasionadas dando lo mejor de ellos, obteniendo otra salva de bravos valorando una intepretación rigurosamente hermosa. El regalo a la vista del halo tenía que ser también ruso, la tantas veces adaptada a distintos instrumentos Vocalise, Op. 34 de Rachmaninov que Rodríguez Martínez de Aguirre sintió y “cantó” con el violín cual homenaje filial a su entorno, tradición coral en su casa aunque no figure en su aún breve biografía, y Bezrodny con música en los genes llenando páginas y ejerciendo de "orquesta en miniatura" desde el virtuosismo al que nos tiene acostumbrados. Espero seguir disfrutando muchos años de mi querido Don Ignacio y verle en los mejores escenarios del mundo. Tiene madera, afición, ilusión, ganas y toda una vida por delante.



Ópera Perú

7 de abril

Bogotá es Mozart: Diario de conciertos (I)

Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)Desde BogotáLos dos primeros días del 2do. Festival Internacional de Música de Bogotá "Bogotá es Mozart" han sido vertiginosos, por la cantidad de sedes y el número de conciertos realizados, cuatro el primer día y 20 el segundo, todos dedicados a obras del compositor austríaco.© Ópera Perú El centro de actividad es el Teatro Mayor Julio Santo Domingo, enorme edificio que contiene dos escenarios, el Teatro Mayor, donde se presentan solistas y orquestas, y el Teatro Estudio donde se hacen recitales de cámara. Las afueras del teatro se han convertido en estos días en una enorme feria donde hay restaurantes que ofrecen crêpes, pizzas, hamburguesas, sushi, café y licores de todo tipo. Aquí es donde miles de personas que compraron sus entradas viven la celebración de este festival. Patrocinadores como Sura o BanColombia realizan activaciones con modelos que, vestidos de época, se toman fotos con la gente y carpas donde invitan vino y muestran fotos de los artistas presentes. El complejo también tiene una enorme biblioteca y una tienda donde uno encuentra cientos de libros de música, vinilos, DVDs y souvenirs. Sigue a Ópera Perú en Facebook y Twitter.Lo sorprendente de este Festival es que todos los conciertos se dan a sala llena y el público bogoteño es sumamente educado en cada presentación. Aplauden efusivamente la entrada de los músicos, guardan un silencio sepulcral entre movimientos, pocos tosen, si alguien hace ruido se disculpa, niños muy pequeños prestan gran atención y mueven los dedos siguiendo el compás, y se aplaude con algarabía al final de las piezas. Los músicos, quienes vienen de todas partes del mundo, comentan lo excitante que es para ellos esta audiencia. Siempre son generosos en ofrecer regalos. Este caso no da envidia ejena, sino mas bien orgullo ajeno.El primer concierto en el Teatro Mayor presentó al pianista austríaco Till Fellner, reconocido por haber ejecutado todas las sonatas de Beethoven, una proeza de toda una vida. Ofreció dos sonatas: La no. 4  K. 282 y la No. 16 K. 545, además del Rondó K. 511 y un Adagio en si menor, K. 540. Fellner ofreció crescendos con virtuosismo, tiempos perfectos y un final solemne y simple en la obra final.Till FellnerEl concierto de apertura estuvo a cargo de la Filarmónica de Bogotá dirigida por Francesco Belli en un extenso programa de dos horas de duración,con tres solistas y cuatro obras. La obertura de la ópera "Idomeneo" sirvió para que la orquesta calentara, aunque fue una interpretación algo rutinaria con poco vigor en la dirección. La pianista serbia Jasminka Stančul interpretó el Concierto para piano no. 23 K. 488 con delicadeza, precisión y técnica impecable. La solista fue ovacionada y regaló un ètude del compositor griego Lefteris Papadopolos (dato obtenido gracias a habermela encontrado en el salón del desayuno a la mañana siguiente), endemoniado en una velocidad y complejidad que trajo el teatro abajo. Stančul es parte del Wiener Brahms Trio y ha trabajado con grandes directores como Lorin Maazel y Esa-Pekka Salonen, así como con la Sinfónica de Berlín, Los Ángeles y otras.© Juan Ruy Castaño En la segunda parte de este concierto vimos al violinista alemán Guy Braunstein, por mas de 10 años concertino nada menos que de la Filarmónica de Berlín, y al violista americano Ori Kam, quien ha trabajado con Zubin Mehta, Pinchas Zukerman, Isaac Stern, Gil Shaham, entre otros, y es artista de Decca y Harmonia Mundi. Interpretaron la Sinfonía Concertante para violín y viola K. 364. Su sincronía fue magnética y prodigiosa, con un acompañamiento preciso de la orquesta. El programa concluyó con la sinfonía no. 35 "Haffner", interpretada con vigor por la orquesta y la batuta de Belli.© Ópera Perú--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Die Kölner Akademie y Ronald Brautigam © Juan Ruy Castaño En el segundo día de Festival se presentaron 20 conciertos en 15 sedes de Bogotá, que incluyen teatros, bibliotecas, iglesias y auditorios. Lo inicié en el bellísimo Teatro Colón, ubicado en el Centro Histórico del distrito de la Candelaria. La orquesta alemana Die Kölner Akademie fue dirigida por el americano Michael Willens y presentó al holandés Ronald Brautigam en el fortepiano. Un placer fue asistir a este concierto de instrumentos de época. Brautigam y esta orquesta han grabado la totalidad de conciertos de Mozart para el sello BIS. La obertura "el sueño de Escipión", el concierto para piano no. 13, K. 415 y la Sinfonía no. 40, K. 550 fueron las obras de programa. El sonido barroco y artesanal que provino de la orquesta y del piano antiguo fueron una delicia, sobretodo en un teatro tan bonito como el Colón, que mantiene una arquitectura antigua con mucho detalle. Die Kölner Akademie con Michael Willans y Ronald Brautigam en el maravilloso Teatro Colón © Ópera Perú Isabelle Faust, Josep Caballé y Staatskapelle Halle © Ópera Perú Lo mejor se reservó para la tarde. A las 5:00 pm hizo su debut la Staatskapelle Halle de Alemania, dirigida por el Español Josep Caballé. Cincuenta músicos y un director dinámico y muscular abrieron el programa con el Divertimento K. 136. Vigoroso inicio que combinaba diminuendos y crescendos, con una grata agilidad y energia de Caballé. El intercambio entre 1ros y 2dos violines era frenético y su pastosidad exquisita. La solista estrella del Festival, la alemana Isabelle Faust, presentó el Concierto para violín no. 4 K. 218. Faust inicia con delicadeza, y acentos sutiles dignos de una orfebre, deliciosos matices y detalles mozartianos en complicidad con la Concertino, Ying Zhang. Termina la cadenza del primer movimiento con virtuosidad endiablada. El Rondó final lo interpreta con la energía de la sonata "Kreutzer" beethoveniana. Faust complace al público con una moderna y muy sutil obra llamada "Doloroso" del húngaro George Kuzak. La orquesta concluyó con una cuasi brahmsiana versión de la sinfonía no. 36 "Linz", KV 425.Lleno total del Teatro Estudio © Ópera PerúInmediatamente después de este concierto se inició en el Teatro Estudio el recital del violinista Guy Braunstein y el pianista Lars Vogt. Ante un teatro repleto, pude acceder a una silla extra junto a Isabelle Faust y a Juan Ángel Vela del Campo, famoso crítico del diario El País. Disfrutamos de tres sonatas, la primera, no. 20 en do mayor, KV. 303, jocosa y con el estilo juvenil mozartiano y dos maduras, no. 27 en sol mayor, KV. 379 y la no. 32 en si bemol mayor kv. 454, en que percibimos sonidos y armonías que nos remiten a Brahms, y en ellas vemos cómo el genio de Salzburgo influyó en el compositor alemán. Braunstein y Vogt conectaron de excelente manera, y el público pudo percibir esta química.Wiener Kammerorchester dirigida por Stefan Vladar © Juan Ruy CastañoEl día terminó con la impactante presentación de la Wiener Kammerorchester, con Stefan Vladar en la conducción y al piano. Iniciaron el programa con la obertura de "Così fan tutte", en una versión estrepitosa y con una mano fuerte y contundente de Vladar, quien condujo sin podio. © Juan Ruy Castaño A continuación el director se sentó al piano para interpretar el Concierto no. 23, KV 491. Vladar ejerce fuerza y su interpretación es virtuosa, con mucha vena, los tiempos son energéticos y la orquesta acompaña de manera enérgica, inducidos por su conductor. El concierto tuvo un cierre con la sinfonía no. 41 "Júpiter" KV. 551. Los metales de la orquesta suenan con vigor y rigor neoclásico, Versión muy intensa, casi beethoveniana. La energía de Vladar es contagiosa y su talento enorme. Definitivamente uno de los artistas mas increíbles que han pasado por este festival.

Ya nos queda un día menos

30 de marzo

Barroco alemán para el Sábado de Pasión

La Semana Santa de Sevilla y Jerez son para mí la cita (¿cultural, religiosa, lúdica, emotiva?) más importante del año, y como quiera que suelo pasar el Domingo de Ramos –completo o en parte– en la ciudad de la Giralda, adelanté mi estancia al Sábado de Pasión para asistir a los dos conciertos que clausuraban el Festival de Música Antigua en su trigésimo segunda edición; el primero a la una del mediodía en la Sala Joaquín Turina y el segundo a las ocho y media en el Teatro de la Maestranza, en ambos casos con el barroco alemán como protagonista. Los dos me gustaron, pero ninguno de ellos me dejó honda huella. Por motivos distintos. Lo confieso: las sonatas a trío para violín, viola da gamba y continuo alemanas del último tercio del siglo XVII me interesan bastante menos que, pongamos por caso, la música de cámara de Brahms o los cuartetos de Bartók. Me agrada, me entretiene y por momentos me engancha, pero cuando termina me deja cierto vacío en mi interior. Claro que hay que matizar, porque me parecieron más sugestivas las tres sonatas de Buxtehude –una de ellas solo para gamba y continuo– que la de Krieger, la de Becker y la de Erlebach. Las interpretaciones del conjunto Hispalensis Armonioso me parecieron irreprochables. Lina Tur Bonet –nunca la había escuchado– y Rami Alqhai demostraron pleno dominio técnico del violín barroco y la viola da gamba respectivamente – sonidos robustos, nada ratoneros– , también un perfecto estilo barroco con todos sus diferentes recursos, pero además evidenciaron un fino olfato a la hora de hacer que lo alemán sonase precisamente eso, alemán, con toda su densidad y severidad, sin que ello supusiese rigidez, pesadez o falta de la gracia, la elegancia y la brillantez que también anida en estas músicas. El muy veterano Juan Carlos Rivera a la tiorba y el bastante más joven Alejandro Casal al clave y al órgano hicieron excelente música de cámara al mantenerse en una sobria discreción en el continuo sin que ello supusiese, antes al contrario, escasez de imaginación o de matices. Público escaso –en buena medida amigo de los intérpretes, sospecho– y muy entregado para un concierto de incuestionable alto nivel, pero en exceso didáctico sobre un periodo y un género muy concretos: podía haber ganado en lo expresivo con un repertorio más variado. En el concierto de por la noche no hay reparos que poner en lo que a la música se refiere: la Pasión según San Juan de J. S. Bach, menos profunda y humanística pero más inmediata y quizá más atrevida que su compañera –Rattle dice que el coro inicial le recuerda a Stravinsky– es una obra maestra absoluta. Si tampoco salí entusiasmado fue por la interpretación. Cada día que pasa Philippe Herreweghe me parece más sobrevalorado. No voy a insistir en ello, últimamente ya he escrito sobre el tema. Solo diré que su visión de la BWV 245 –versión de 1724– me sigue pareciendo muy hermosa en lo sonoro, particularmente bella por la asombrosa calidad del coro del Collegium Vocale de Gante; que se encuentra fraseada con fina sensibilidad, amplitud cantable y perfecto equilibrio entre ligereza y densidad –y no solo por la moderación numérica de las fuerzas congregadas–; que desprende un cálido recogimiento espiritual no exento de una sensualidad muy atractiva; pero también que las aristas están en exceso pulidas, que la brillantez y la teatralidad (¿pensaría el belga en el mojigato público de Leipzig que tantos problemas diera al Cantor?) brillan por su ausencia, que las tensiones internas se encuentran algo relajadas, que los claroscuros son escasos… Algunos melómanos siguen enjuiciando las interpretaciones de este repertorio en función del número de integrantes, de si los instrumentos son o no originales o del presunto rigor histórico, pero a mí me parece que lo que Herreweghe hace con esta obra está mucho más cerca de Simon Rattle que del más radicalmente historicista pero también mucho más áspero, dramático y contrastado John Butt, por citar versiones que he escuchado hace poco. Por eso mismo, y aun gustándome mucho su dirección, no me acaba de emocionar. La cuestión es menos subjetiva en lo que a los solistas vocales de la interpretación sevillana se refiere: yo estaba en la fila tres del patio de butacas y a los encargados de las arias, ciertamente no situados en la embocadura del escenario sino detrás de la orquesta, se les oía regular. Ya se sabe, voces todo lo históricamente informadas que se quiera y lo suficientemente flexibles como para integrarse en el coro cuando les correspondía, pero de escasa proyección en una sala grande, además de tímbricamente anodinas y un tanto planas en lo expresivo. A destacar, en cualquier caso, la fina sensibilidad del contratenor Damien Guillon por encima de la soprano Grace Davidson, el tenor Zachary Wilder –sustitución a última hora– y el ya casi mítico bajo Peter Kooy, un señor que a mí nunca me ha entusiasmado y que ya anda vocalmente tocado. Sólido el Jesús de Tobias Berndt –otra sustitución– y, éste sí, magnífico el Evangelista de Thomas Hobbs, aunque la comparación con lo que hace Mark Padmore en esta parte resulta inevitable. Dos pegas organizativas. Primera: ¿por qué no se colocan sobretítulos en una obra en la que el texto es tan fundamental? Segunda: ¿por qué la máquina de recogida de entradas en el Maestranza no funciona para este concierto? Al introducir la tarjeta me apareció aquello de “no tiene entradas pendientes que recoger”, así que tuve que ponerme en la cola cuando el espectáculo estaba a punto de comenzar. Me pasó a mí, le pasó a mi acompañante y le pasó a los dos matrimonios que venían detrás de nosotros. En la taquilla nos contestaron que era así porque el evento pertenecía al Femás y no a la programación del Maestranza, pero lo cierto es que tanto unas entradas como las otras se compran a través de GeneralTickets. Tome nota la organización. Ah, apenas tosedores esta vez en el Maestranza. Me decía un amigo que estaban todos a esa hora en el Miserere de Eslava en la Catedral. ¿Sería verdad?

Johannes Brahms
(1833 – 1897)

Johannes Brahms (7 de mayo de 1833 - 3 de abril de 1897) fue un pianista y compositor alemán de música clásica del Romanticismo. A Brahms se le considera el más clásico de los compositores románticos, manteniéndose fiel toda su vida al clasicismo romántico y conservador influenciado por Mozart, Haydn y en especial Beethoven. Fue posiblemente el mayor representante del círculo conservador en la “Guerra de los románticos”. Sus oponentes, los progresistas radicales de Weimar, estaban representados por Franz Liszt, los miembros de la posteriormente llamada Nueva Escuela Alemana, y por Richard Wagner. Nació en Alemania, donde su obra romántica, conservadora y con un clasicismo muy contenido no fue bien recibida. Debido a esto, en 1862 se autoexilió en Viena, donde creó lo mejor de su repertorio sinfónico y de conciertos para instrumentos solistas diversos. Las expresiones Las tres bes o La santa trinidad (frase acuñada por Hans von Bülow) se refieren a Bach, Beethoven y Brahms como tres de los mayores compositores de la historia de la música.



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