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Música Clásica y ópera de Classissima

Johannes Brahms

lunes 8 de febrero de 2016


Ópera Perú

28 de enero

Gran Teatro Nacional presenta temporada 2016

Ópera Perú© GTN(Ópera Perú) Como suelen hacer los principales teatros del mundo antes de iniciar sus temporadas, el Gran Teatro Nacional este día ha decidido mostrarnos lo que trae su amplia programación, llena de espectáculos no solo clásicos, sino de los mas variados géneros.La temporada se inicia la próxima semana, y además de presentar interesantes eventos, ha develado las temporadas de los elencos nacionales, así como nombres internacionales de prestigio.Sigue a Ópera Perú en Facebook y Twitter.© GTNLa Orquesta Sinfónica Nacional inicia su temporada este viernes 6 de febrero como es costumbre con un concierto en que combinan piezas clásicas y populares. Esta vez le dan paso a la música criolla, invitando como solistas a Eva Ayllón, Willy Terry, Rosa Guzmán, Victoria y José Villalobos. En la parte clásica interpretarán "Fiesta" de Jimmy López, y la suite del ballet "Estancia" de Ginastera, para pasar luego a selecciones del folklore. Este programa inaugural se repite el domingo. Durante la temporada de verano, que va hasta el 18 de marzo, participarán los directores Matteo Pagliari, Fernando Valcárcel y Carmen Moral, así como los solistas Franco Carranza y Carlos Johnson, quien hará de director y solista. Destacan en estos conciertos la sinfonía no. 9 "La grande" de Schubert, las Serenatas para cuerdas de Elgar y Dvorak, y el poema "Schehérazade" de Rimsky-Korsakov.Durante febrero, la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil presenta un concierto en que presenta a solistas locales del rock como César Vega  y el Ensamble Rock: Guitarra: Charlie Parra ; Batería: Hans Menacho ; Bajo: Noel Marambio. Presentarán selecciones de Metallica, Black Sabbath, Frágil, Queen, Guns and Roses, entre otros. Luego presentarán un mini festival titulado "Todo Mozart" en que presentarán fragmentos de obras de cámara y sinfónicas. En marzo presentarán un concierto de Semana Santa, junto al Coro Nacional de Niños.El Festival Internacional de Ópera "Alejandro Granda" llega a su novena edición presentando en marzo dos Galas: "Viva Rossini", presentando el Stabat Mater y arias de sus óperas mas aclamadas; y "Gala lírica italiana" con las arias mas famosas de ese repertorio. Participan solistas del Festival de Pésaro, bajo la dirección de Jacques Lacombe. Este mes se  corona con la presentación de la legendaria Count Basie Orchestra, la cual acompañó a Frank Sinatra y Ella Fitzgerald en su mejores años.© NYTEl 1 y 2 de abril llega el Ballet Nacional de Chile. El 23 de abril se presenta la superestrella de la lírica, la mezzosoprano Joyce DiDonato en un recital. El Coro Nacional da su primer concierto sinfónico coral del año, y se presenta el pianista Simon Ghraichy.  A fin de mes la Sociedad Filarmónica de Lima inicia su Ciclo Sinfónico con la presentación de la Orquesta Sinfónica del Estado de San Petersburgo. La OSN, en su temporada de otoño, junto a la OSNJ, presentarán la ambiciosa Sinfonía "Turangalila" de Messiaen, titánica obra que será el plato fuerte de la temporada. Llegará el famoso pianista Nelson Freire para interpretar el Concierto no. 2 de Brahms, en un programa dirigido por Valcárcel que se completa con "Popol Vuh" de Ginastera, celebrando su centenario.En mayo la SFL presenta a Daniel Hope y la Orquesta de Cámara de Basel; El Coro Nacional inicia una nueva temporada de ópera con cinco funciones de "Carmen" de Bizet. La OSN será dirigida por Julian Kuerti, con Nancy Fabiola Herrera como solista, en las Rückert-Lieder de Mahler. Kuerti dirigirá la deliciosa suite de "Der Rosenkavalier" de Richard Strauss.© RFLa OSN en junio celebra el centenario de Henri Dutilleux con el estreno en Perú de "Métaboles". La afamada pianista Gabriela Montero interpretará el Concierto de Grieg con la orquesta. La Asociación Romanza presentará su acostumbrada Gala Lirica en dos fechas. El Ballet Nacional inicia su temporada. La SFL presentará a los Virtuosi de Praga. El mes termina con la presentación de la superestrella de la ópera, la soprano Renée Fleming, el sábado 25 en un recital.En julio tenemos dos visitas regionales: La Orquesta Sinfónica Juvenil de Caracas y la Orquesta Sinfónica de Colombia, en un programa llamado "Pazcífico SInfónico". © JonasKaufmann.comEn agosto, el pianista Juan José Chuquisengo presenta un concierto junto a José Luis Madueño. El 12 de agosto TQ Producciones presenta el tenor mas famoso de hoy, Jonas Kaufmann, para dar un recital. La OSNJ y el Coro Nacional de Niños continúan sus temporadas. el 15 vuelve la Orquesta Filarmónica de Israel, dirigida por Zubin Mehta.  La OSN, junto al Coro Nacional, Coro Nacional de Niños, y los actores Alberto Ísola y Luis Peirano, presentará la Sinfonía "Dante" de Franz Liszt, obra de grandes proporciones. A fin de mes,  la Asociación Romanza presenta la ópera "Turandot".En setiembre, el cellista Mischa Maisky vuelve a Lima para debutar en el GTN junto a los Solistas de Tel Aviv. El Ballet Nacional inicia un nuevo espectáculo. Fernando Valcárcel dirige a la OSN en un interesante programa con el Concierto para violín de Glazunov y la Sinfonía no. 5 de Mahler.El octubre veremos al conjunto español de música sacra, La Grande Chappelle. TQ Producciones promete a grandes artistas como Kathia Buniatishvilli, Renaud Capuçon, Denis Matsuev, y Leonard Elschenbroich en estos meses, tanto en recital como con orquesta. El Festival ERART se inicia como todos los años. La OSN presenta en su temporada de primavera grandes obras como el Concierto para arpa de Ginastera, la Sinfonía no. 4 de Bruckner, Concierto para cello de Shostakovich, Rapsodia Española de Ravel, y "La Consagración de la Primavera", de Stravinsky, junto a la OSNJ. El programa se cierra con el gran regreso de nuestro excelente director Miguel Harth-Bedoya.En diciembre, se realizará el II Festival de Coros; La Orquesta de la PUCP dará si habitual Concierto Anual; y el Ballet Nacional presentará "Romeo y Julieta" de Prokofiev.Este 2016 viene ambicioso.

Pablo, la música en Siana

Ayer

Potencia musical americana

Sábado 6 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Daniel Müller-Schott (violonchelo), National Symphony Orchestra Washington, Christoph Eschenbach (director). Obras de C. Rouse (1949), Dvorak y Brahms / Schoenberg. Las grandes formaciones orquestales tienden a impactar precisamente por su rotundidad sonora, y el director alemán afincado en EE.UU. parece haberse sumado a la magnificencia más en número que en calidad, algo en lo que parecen coincidir muchos, "Un director capaz de galvanizar un conjunto sinfónico y de extraer de él, por derecho, interpretaciones que destacan más por su brío que por su delicadeza" (Arturo Reverter en "El Cultural"). Basta con recontar la plantilla de la cuerda (15-13-11-9-8) para hacernos una idea del despliegue que la NSO de Washington con su titular han traído a esta gira europea. Tampoco podemos hablar de un sonido propio como antaño, donde las diferencias entre los continentes eran mayores y los europeos presumíamos de una tímbrica vienesa o inglesa. La globalidad y los directores tienen parte de la responsabilidad, Eschenbach coloca la orquesta "antifonal" en violines con contrabajos tras los primeros, timbales al fondo a la izquierda y las trompas a la derecha continuando linealmente los metales, más las maderas algo más adelantadas, logrando una espacialidad sonora algo distinta y de agradecer sobre todo en la segunda parte. Buscando la potencia de la llamada sinfónica nacional de EE.UU. aunque le va mejor lo de Sinfónica de Washington, arrancaron el concierto con Phaeton (1986) para gran orquesta de Christopher Rouse (Baltimore, 1949), de inspiración mitológica al contar la frenética carrera de Faetón en su carro de caballos que el compositor yanqui parece reducir al adjetivo más que al sustantivo, abundante percusión donde no falta el "martillo mahleriano" y un crescendo de casi nueve minutos evocador del bolero raveliano solamente por buscar algún paralelo. Como anécdota mientras Rouse componía los compases donde quiere "reflejar" que Zeus fulmina a Faetón explotó el transbordador Challenger al que finalmente dedicará la obra en memoria de los siete fallecidos. No hubo que lamentar desgracias en el auditorio ovetense pero debo recoger lo que mi querida "paisana" Lorena Jiménez Alonso escribe en las notas al programa: "Su música es pasional, emocionante y electrizante... Si a eso añadimos estrepitosa y virtuosística, tenemos la definición de Phaeton", un orquestón de calidades globales pero nada sobresalientes para una partitura algo repetitiva aunque visualmente espectacular, o como suelo decir en estos casos, muy yanqui. Ya he perdido la cuenta de las veces que el chelista alemán Daniel Müller-Schott ha estado en Oviedo con esa joya de instrumentos como el "Ex Shapiro" Matteo Goffriller fabricado en Venecia en 1727, verdadera maravilla de sonido, con armónicos también espaciales, volumen estratosférico y musicalidad en estado puro en sus manos, desde un arco poderoso y sensible a una mano izquierda que dibuja los pentagramas con esmero. El Concierto para violonchelo y orquesta en si menor, op. 104 (Dvorak) está entre los preferidos de los grandes solistas aunque necesita como es de esperar el equililibrio con la orquesta, algo que esta vez no se logró siempre, sin una concertación clara por parte de Eschenbach, Müller-Schott hubo de renunciar a parte de su potencial, también poco ayudado por unos "diálogos" donde los atriles solistas no engancharon con el chelo ni tampoco las dinámicas algo exageradas. Una pena porque los tres movimientos dan para explotar recursos en cada momento, desde el Allegro inicial que debe encajar en cada detalle, hasta el Finale: Allegro moderato de dinámicas en cascadas emotivas, pero y especialmente en el Adagio, ma non troppo donde la batuta y solista fueron por caminos divergentes en vez de mimar un lento ideal para un chelista de sonido pulcro y penetrante. Al menos su regalo de Ravel, el Kaddish (de las "Deux mélodies hébraïques") esta vez solo, nos permitió paladear el Goffriller y la musicalidad a la que Müller-Schott nos tiene acostumbrados. Del Cuarteto con piano en sol menor, op. 25 de Brahms, Schoenberg realiza un arreglo para orquesta del que podemos decir lo mismo que el gran Otto Kemplerer: "El arreglo suena tan bien, que ya nadie querrá escuchar el cuarteto original", y esta vez la NSO con su titular buscaron la fidelidad a Brahms haciendo que se escuche todo de una vez, algo que Schoenberg como pianista conocedor y orquestador consumado puede lograr en esta singular obra, recreación más que arreglo de un compositor cuyo catálogo de cámara es probablemente superior cualitativamente al sinfónico, puede que por su autoexigencia de contar con Beethoven como modelo. El propio Arnold daba tres razones para esta transcripción: "Me gusta la obra. Se toca raras veces. Siempre se toca mal, porque cuanto más bueno es el pianista, más alto toca y no se escuchan las cuerdas", algo que la orquesta de Washington y Eschenbach lograron ampliamente. Impresionantes la riqueza de planos en el Allegro inicial, especialmente en la madera aunque seguía habiendo desajustes, o el Intermezzo que pareció más equilibrado, pero parecía que el director alemán se reservaba para el sensacional Animato de sonoridades pletóricas y sobre todo el final Rondo alla zingarese que hizo todo lo posible por mostrar cierto parentesco con las "Danzas húngaras" del hamburgués, e incluso con algunas eslavas del Dvorák que cerraba la primera parte. Potencia musical para una orquesta a la que su titular tendrá que hacer aún más suya, especialmente en la búsqueda de una identidad de la que adolece. La propina final para mantener esa plenitud nada menos que la Danza de los comediantes de "La novia vendida" (Smetana), puede que lo mejor del concierto y como si todos dieran lo mejor de un espectáculo con un tempo verdaderamente vertiginoso, supongo que por la hora avanzada y el hambre, con Eschenbach ejerciendo de verdadero kaiser a la batuta. Y febrero continuará con un especial suma y sigue... no hay mejor carnaval que el musical.




Ya nos queda un día menos

16 de enero

Dausgaard sacar el mejor partido de la Orquesta de Valencia

En la entrada anterior, a tenor de un Blu-ray con interpretaciones de Brahms, Dvorák, Sibelius y Nielsen, mostraba mis dudas acerca de las bondades interpretativas de Thomas Dausgaard, planteándome interrogantes sobre los resultados de su concierto previsto para ayer viernes 15 frente a la Orquesta de Valencia. Al final ha sido un éxito considerable, y ha quedado perfectamente explicado por qué este señor, que desde el punto de vista expresivo no tiene cosas muy interesantes que decir, ha adquirido la reputación de la que ahora goza: bajo su batuta, la formación del Turia ha sonado de manera mucho más satisfactoria de lo que suele, dejando claro que alberga un importante potencial que solo puede salir a la luz cuando se ponen a su frente maestros con una gran técnica a sus espaldas. En este sentido, bravísimo por Dausgaard y por unos músicos que supieron estar a la altura dando lo mejor de sí mismos. Me sorprendió la obertura La bella Melusina, no lo mejor de Mendelssohn pero sí una obra de enorme belleza, porque sabiendo que el maestro danés suele interpretar este repertorio dejándose influir –al menos en sus grabaciones al frente de la Orquesta de Cámara Sueca– por la escuela de los instrumentos originales, esperaba una lectura de tempi rápidos y articulación historicista. Pues no: la realización de Dausgaard fue no solo por completo tradicional, sino también admirablemente certera a la hora de alcanzar ese difícil equilibrio entre ligereza, calidez, carácter bullicioso y vuelo lírico que demandan las creaciones del autor alemán. El resultado fue notabilísimo. El solista de lujo de la velada fue Bruno Schneider, quien comenzó interpretando el hermoso Larghetto para trompa y orquesta de Emmanuel Chabrier, dirigido por Dausgaard con enorme vehemencia, haciendo gala de un legato prodigioso y de unos difuminados acongojantes, a despecho de algunos roces que apenas tuvieron importancia. Magníficamente secundado por María Rubio, solista de la propia Orquesta de Valencia, ofreció a continuación el Concierto para dos trompas atribuido a Joseph Haydn derrochando de nuevo un sonido de increíble belleza, maleable a más no poder, y una gran sensibilidad para el matiz. La batuta dirigió con aseada corrección, de nuevo en una línea tradicional sin espacio para el historicismo, en cualquier caso sin poder hacer mucho frente a una partitura –según las notas al programa escritas por Rosa Solà podría ser de Michael Haydn o de Antonio Rossetti– bastante escasa de verdadera inspiración. Por eso mismo, pese al enorme arte de Schneider, me aburrí un poco. Primera sinfonía de Elgar para concluir. El recuerdo de la referencial e insuperable interpretación de Daniel Barenboim me impide expresar especial entusiasmo ante la escuchada en Valencia, pero tampoco se puede negar a Dausgaard la muy apreciable calidad de su lectura, francamente bien planificada, ajena por completo a la pesadez, la retórica vacua y los excesos victorianos, y desde luego muy hermosa, sincera, cálida y elocuente en el Adagio; como único reparo, el final del cuarto movimiento resultó en exceso lineal y se perdió un tanto de la grandeza y del carácter visionario que necesita. La orquesta, ya digo que a un nivel muy superior al que en ella es habitual, estuvo bien modelada –planos sonoros, texturas– por un Dausgaard que sabía perfectamente lo que se hacía. La cara de entusiasmo de los todos artistas al terminar dejaba clara la sintonía entre ellos y la satisfacción por un trabajo bien realizado.

Pablo, la música en Siana

16 de enero

Como en casa

Viernes 15 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 4 OSPA, Joaquín Achúcarro (piano), David Lockington (director): Evocaciones. Obras de Brahms, Rachmaninov y Dvorak. Enero es el retorno a la normalidad y nuestra orquesta asturiana volvía con su principal director invitado y con el pianista que más veces ha tocado en Oviedo, el bilbaíno Joaquín Achúcarro al que se le quiere como un asturiano de adopción que no parece cumplir años. Cuando se celebraban en 1964 los 25 años de la primera Orquesta Sinfónica de Asturias, también conocida como Orquesta de Cámara "Ángel Muñiz Toca", entonces dirigida por Don Vicente Santimoteo, se contó con Achúcarro y su esposa Emma Jiménez que interpretaron el concierto para dos pianos de Poulenc, y ahora en las bodas de plata de la actual OSPA también nos ha vuelto a deleitar Don Joaquín, a quien "Codalario" distinguió en 2014 con el "Premio a toda una carrera", no ya de intérprete sino también de docente, algo de lo que nuestros políticos deberían tomar nota. Y realmente normal fue que se convirtiese en el protagonista del cuarto de abono con una obra diríamos "fetiche" para él, como contaba a OSPATV, tocada más de 100 veces, debutada en Siena allá por 1956 nada menos que dirigida por Zubin Metha aún estudiante, o haber ganado con ella el Concurso Internacional de Liverpool en 1959, la Rapsodia sobre un tema de Paganini, opus 43 (Rachmaninov) que data de 1934 estrenada por el propio compositor en Suiza, volviendo a demostrar el dominio del piano tanto en la escritura como en la interpretación de este "quinto concierto" que exige el verdadero virtuosismo para todos, desde el solista que debe pasar al piano las diabluras del violín de Paganini y sobre todo para la orquesta, difícil encaje rítmico si se desea la mejor concertación posible especialmente en las variaciones rápidas. Ésta fue la única pega de una obra que Joaquín Achúcarro tiene interiorizada desde sus inicios (y que celebrase los 18 años de la OSPA en Madrid) siempre aportando cosas aunque no logró transmitirlas al podio, dándose momentos desajustados para una orquesta que iba detrás del solista, especialmente en el unísono del glockenspiel con el piano que casi finaliza un compás antes. Pero si una de las grandezas del pianista vasco es la continua búsqueda del sonido, no queda a la zaga el director británico afincado en EE.UU. al igual que el bilbaíno, alcanzando con la OSPA sonoridades ideales para esta obra, especialmente en la más conocida de las 24 variaciones, tan cinematográfica como recuerda Hertha Gallego de Torres en las notas al programa (que también están en el Facebook© de la orquesta), obra de la que atesoro en vinilo una grabación de Earl Wild que casi rayé de tanto ponerla en el plato. El maestro Lockington consigue siempre que dirige a nuestra formación un sonido diría que amable, sin estridencias, conocedor del potencial que atesoran todos sus músicos y la belleza interpretativa en cada intervención solista, desde el concertino Vasiliev al oboe de Ferriol o del clarinete de Weisgerber a la flauta de Myra Pearse, solo por citar algunas de las joyas de la rapsodia en bella pugna con el piano. Achúcarro no tiene la fuerza de hace años pero mantiene el gusto característico, la pulcritud de sonido y el rigor hacia la partitura con una técnica todavía impresionante. Y si había dudas tras los detalles antes apuntados, aún nos regaló tres propinas de quitar el hipo: El Nocturno para la mano izquierda op. 9 nº 2 de Scriabin nos recordó su homónimo con orquesta de Ravel que está entre los preferidos del amplio repertorio del bilbaíno, demostrando la capacidad de emocionar al cien por cien solo con una mano. Pero el público, ovetense en particular y asturiano en general, le quiere y aplaudió a rabiar, cálido homenaje a un bilbaíno que sentimos como nuestro, por lo que no reparó en volver a sentarse al piano para seguir emocionándonos con su Chopin, otro referente de gusto francés tan cercano a los vascos, primero el Vals nº 14 en mi menor, op. póstumo impecable, con hondura y sentimiento, para después sin apenas mover su característico flequillo blanco por unos años que no pasan para sus dedos y engrandecen cada interpretación, el Preludio op. 28 nº 16 en si bemol menor, virtuosismo sin concesiones a la galería porque tocar en casa es hacerlo para uno mismo, algo que siempre le agradeceremos porque "la vida es más bella con música". Brahms abría concierto con la "Obertura trágica" en re menor, op. 81 (1880), con el sonido amable Lockington al que hacía referencia anteriormente, buscando la pureza sin extremismos, dinámicas amplias sin estridencias, cuerda aterciopelada nunca hiriente con unos graves redondeados y buen sustento armónico, madera llena de matices con una tímbrica homogénea y metales empastados solamente exigentes en intervenciones puntuales, transmitiendo ese gusto por dejar fluir la música bajo control, lo que agradecen partituras como las elegidas para este programa de abono. David Lockington transmite a la orquesta desde su gesto amable el gusto y respeto por la música bien entendida sin aspavientos ni exageraciones cara a la galería. Y más aún lo alcanzó con la Sinfonía nº 6 en re mayor, op. 60 (1880) de Dvorak, un compositor al que la OSPA parece tener cual confirmación cada vez que lo interpreta, siempre con distintos directores como si la entendiesen a la perfección de principio a fin, lo que con Lockington resultó especial precisamente por coincidir en esta búsqueda de la perfección, apreciación muy subjetiva pero que nunca me ha fallado porque la propia plantilla es ideal para las obras del checo, escritas para sacar de la orquesta toda la riqueza que de ella esperamos. Desde el poderoso Allegro non tanto ya presentía que la sinfonía iba a resultar redonda, dinámicas muy trabajadas por todas las secciones, presencias medidas desde una dirección precisa que transmite seguridad a la orquesta, trompas y maderas en este primer movimiento sin desmerecer el resto, con un empuje que nunca decayó sin necesidad de acelerar en los fuertes y arrancando aplausos de unos pocos espectadores. El Adagio aumentó el nivel de musicalidad, fraseos impecables, unos solos de trompa de Morató delicados bien acunados por cuerda y madera, tensiones bien resueltas, contrastes dinámicos muy trabajados, "fortes" con los metales poderosamente presentes frente a los "pianos" de un oboe cristalino (en esta segunda parte Romero), timbales marcados sin un exceso, todo anímicamente preparando el Scherzo (Furiant): Presto en una nueva demostración del entendimiento total y global para la interpretación, partitura, podio y atriles llenos de la vitalidad de ese ritmo endiablado perfectamente encajado de hemiolia, también contrastados con el reposado trío donde los sutiles piccolo y clarinete parecían luchar con la cuerda por ese latido orgánico donde trombones y tuba igual sonaban cual contrabajos soplados que se imponían cual órgano sinfónico a las indicaciones del maestro Lockington, exigente con una cuerda vertiginosa en la que escuchamos todas las notas sin perder pulsión ni ímpetu desde el sello inconfundible de un Dvorak que siempre orquesta magistralmente (dedicada esta sexta a Hans Richter en la dirección de la Filarmónica de Viena) desde una paleta tímbrica realmente personal, para rematar el Finale: Allegro con spirito de la mejor forma posible, implicación de todos en alcanzar la excelencia, intervenciones solistas magníficas y cuerpo orquestal compenetrado para una musicalidad que no debería faltar nunca, triunvirato Dvorak-Lockington-OSPA que parece sinónimo de calidad y cercanía, sintiéndonos cómodos, es decir como en casa...



Ya nos queda un día menos

13 de enero

Cuatro sinfonías para Thomas Dausgaard

Thomas Dausgaard (Copenhague, 1963) ha conseguido a lo largo de los últimos años notable reputación internacional por su trabajo al frente de la Orquesta de Cámara Sueca y de la Sinfónica Nacional Danesa, cuyas titularidades ostenta desde 1997 y 2004 respectivamente. Ha grabado numerosos discos, pero hasta ahora no había tenido la ocasión de poner ninguno en mi equipo. Pues bien, como espero escucharle este viernes al frente de la Orquesta de Valencia –Mendelssohn, Haydn, Chabrier, Elgar–, he creído oportuno hacerme con este Blu-ray editado por C Major que, con la soberbia calidad audiovisual acostumbrada en el sello, nos presenta al maestro danés frente a la última de las orquestas citadas interpretando cuatro sinfonías del repertorio puro y duro: Primera de Brahms, Novena de Dvorák, Quinta de Sibelius y Tercera de Nielsen. Ideal para hacerse una idea de cómo dirige este señor. Empiezo por la Sinfonía nº 1 de Brahms. Una introducción rápida, plana y poco expresiva ya nos pone sobre aviso de que el maestro danés no va a sintoniza con esta obra. Efectivamente, el primer movimiento se desarrolla de manera lineal, bien construido pero sin mucha garra, amén de por completo ajeno al lenguaje brahmsiano, tanto por el fraseo como por la sonoridad de la orquesta, espléndida pero sin la calidez oscura y aterciopelada que asociamos con el autor. Tampoco encontramos, por citar una versión de tempi rápidos que sí es magnífica, la incisividad, la fuerza y el sentido dramático de un Solti. El segundo movimiento pone igualmente en evidencia las carencias citadas, ayuno de la ternura y el sentido humanístico imprescindibles en el autor; al menos, la batuta se mantiene alejada del preciosismo y de lo excesivamente otoñal. Mejora algo el tercero y en el cuarto, finalmente, Dausgaard obtiene muy buenos resultados con una recreación extrovertida y brillante, aunque sin la grandeza bien entendida que sería necesaria para redondearlo. De la Sinfonía del Nuevo Mundo nos ofrece una lectura sólida, honesta, ortodoxa y de irreprochable gusto, magníficamente realizada y de pulso muy bien llevado, pero un tanto alicorta en inspiración, incluso desaprovechada en las posibilidades expresivas de la partitura. Globalmente va de más a menos, pasando de un primer movimiento muy notable –ya que no muy poético ni efusivo– a un segundo muy correcto, un tercero dicho un tanto de pasada y un cuarto sin una idea clara detrás. O mejor, con una idea en exceso épica y un tanto de cara a la galería. La Quinta de Sibelius recibe interpretación muy aseada y solvente, mucho antes lírica que dramática, expuesta de manera impecable y dicha con un gusto exquisito por un director que sabe lo que se hace y una orquesta que responde con un estupendo nivel, pero a la que le falta una muy buena dosis de tensión interna y fuerza expresiva para convencer. Todo suena un tanto neutro, e incluso plano, mientras que los aspectos más visionarios de esta música quedan relegados. Demasiada competencia discográfica como para destacar.  Queda el compositor danés por excelencia, y quizá lo más logrado precisamente de esta edición sea la Sinfonía Expansiva. Es el de Dausgaard un Nielsen que no necesita resultar tan rústico y escarpado como el de Ole Schmidt, ni tampoco apuntar al clasicismo intemporal de un Colin Davis, sino que alcanza un punto intermedio entre ambos polos que atiende a todas las vertientes de la página. Por descontado, se puede pedir un poco más de incisividad y sentido del humor en el primer movimiento, también de poesía en el segundo –muy bien los dos solistas vocales–, pero lo cierto es que los resultados son bastante apreciables. En fin, que por mucho que en los cuarenta minutos de entrevistas Dausgaard diga cosas muy sensatas sobre las partituras que interpreta, lo cierto es que como directo de este repertorio solo parece estimulante en la obra de su compatriota. Por otra parte, en su discografía abundan interpretaciones del primer romanticismo en una línea abiertamente historicista –mientras estoy al teclado escucho una desafortunada Novena de Beethoven a través de Spotify– que sería necesario conocer bien para tener una idea de la verdadera categoría de este director. Sea como fuere, de momento no puedo mostrarme muy entusiasta sobre sus maneras de hacer. Veremos qué tal se le da el concierto de Valencia.

Ya nos queda un día menos

13 de enero

Cuatro sinfonías para Dausgaard

Thomas Dausgaard (Copenhague, 1963) ha conseguido a lo largo de los últimos años notable reputación internacional por su trabajo al frente de la Orquesta de Cámara Sueca y de la Sinfónica Nacional Danesa, cuyas titularidades ostenta desde 1997 y 2004 respectivamente. Ha grabado numerosos discos, pero hasta ahora no había tenido la ocasión de poner ninguno en mi equipo. Pues bien, como espero escucharle este viernes al frente de la Orquesta de Valencia –Mendelssohn, Haydn, Chabrier, Elgar–, he creído oportuno hacerme con este Blu-ray editado por C Major que, con la soberbia calidad audiovisual acostumbrada en el sello, nos presenta al maestro danés frente a la última de las orquestas citadas interpretando cuatro sinfonías del repertorio puro y duro: Primera de Brahms, Novena de Dvorák, Quinta de Sibelius y Tercera de Nielsen. Ideal para hacerse una idea de cómo dirige este señor. Empiezo por la Sinfonía nº 1 de Brahms. Una introducción rápida, plana y poco expresiva ya nos pone sobre aviso de que el maestro danés no va a sintoniza con esta obra. Efectivamente, el primer movimiento se desarrolla de manera lineal, bien construido pero sin mucha garra, amén de por completo ajeno al lenguaje brahmsiano, tanto por el fraseo como por la sonoridad de la orquesta, espléndida pero sin la calidez oscura y aterciopelada que asociamos con el autor. Tampoco encontramos, por citar una versión de tempi rápidos que sí es magnífica, la incisividad, la fuerza y el sentido dramático de un Solti. El segundo movimiento pone igualmente en evidencia las carencias citadas, ayuno de la ternura y el sentido humanístico imprescindibles en el autor; al menos, la batuta se mantiene alejada del preciosismo y de lo excesivamente otoñal. Mejora algo el tercero y en el cuarto, finalmente, Dausgaard obtiene muy buenos resultados con una recreación extrovertida y brillante, aunque sin la grandeza bien entendida que sería necesaria para redondearlo. De la Sinfonía del Nuevo Mundo nos ofrece una lectura sólida, honesta, ortodoxa y de irreprochable gusto, magníficamente realizada y de pulso muy bien llevado, pero un tanto alicorta en inspiración, incluso desaprovechada en las posibilidades expresivas de la partitura. Globalmente va de más a menos, pasando de un primer movimiento muy notable –ya que no muy poético ni efusivo– a un segundo muy correcto, un tercero dicho un tanto de pasada y un cuarto sin una idea clara detrás. O mejor, con una idea en exceso épica y un tanto de cara a la galería. La Quinta de Sibelius recibe interpretación muy aseada y solvente, mucho antes lírica que dramática, expuesta de manera impecable y dicha con un gusto exquisito por un director que sabe lo que se hace y una orquesta que responde con un estupendo nivel, pero a la que le falta una muy buena dosis de tensión interna y fuerza expresiva para convencer. Todo suena un tanto neutro, e incluso plano, mientras que los aspectos más visionarios de esta música quedan relegados. Demasiada competencia discográfica como para destacar.  Queda el compositor danés por excelencia, y quizá lo más logrado precisamente de esta edición sea la Sinfonía Expansiva. Es el de Dausgaard un Nielsen que no necesita resultar tan rústico y escarpado como el de Ole Schmidt, ni tampoco apuntar al clasicismo intemporal de un Colin Davis, sino que alcanza un punto intermedio entre ambos polos que atiende a todas las vertientes de la página. Por descontado, se puede pedir un poco más de incisividad y sentido del humor en el primer movimiento, también de poesía en el segundo –muy bien los dos solistas vocales–, pero lo cierto es que los resultados son bastante apreciables. En fin, que por mucho que en los cuarenta minutos de entrevistas Dausgaard diga cosas muy sensatas sobre las partituras que interpreta, lo cierto es que como directo de este repertorio solo parece estimulante en la obra de su compatriota. Por otra parte, en su discografía abundan interpretaciones del primer romanticismo en una línea abiertamente historicista –mientras estoy al teclado escucho una desafortunada Novena de Beethoven a través de Spotify– que sería necesario conocer bien para tener una idea de la verdadera categoría de este director. Sea como fuere, de momento no puedo mostrarme muy entusiasta sobre sus maneras de hacer. Veremos qué tal se le da el concierto de Valencia.

Johannes Brahms
(1833 – 1897)

Johannes Brahms (7 de mayo de 1833 - 3 de abril de 1897) fue un pianista y compositor alemán de música clásica del Romanticismo. A Brahms se le considera el más clásico de los compositores románticos, manteniéndose fiel toda su vida al clasicismo romántico y conservador influenciado por Mozart, Haydn y en especial Beethoven. Fue posiblemente el mayor representante del círculo conservador en la “Guerra de los románticos”. Sus oponentes, los progresistas radicales de Weimar, estaban representados por Franz Liszt, los miembros de la posteriormente llamada Nueva Escuela Alemana, y por Richard Wagner. Nació en Alemania, donde su obra romántica, conservadora y con un clasicismo muy contenido no fue bien recibida. Debido a esto, en 1862 se autoexilió en Viena, donde creó lo mejor de su repertorio sinfónico y de conciertos para instrumentos solistas diversos. Las expresiones Las tres bes o La santa trinidad (frase acuñada por Hans von Bülow) se refieren a Bach, Beethoven y Brahms como tres de los mayores compositores de la historia de la música.



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Johannes Brahms




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Johannes Brahms »

Grandes compositores de música clásica

Cancion De Cuna Piano Viena Clara Schumann Requiem Concerto

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