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Música Clásica y ópera de Classissima

Johannes Brahms

viernes 27 de mayo de 2016


Ópera Perú

Ayer

Francesca Dego vuelve a Lima con Paganini

Ópera Perú© TQPor Gonzalo Tello (Ópera Perú)Este fin de semana gozaremos de una verdadera fiesta italiana, ya que nos visitará por primera vez la afamada Orquesta de la Toscana, elenco basado en Florencia, Italia, que llega en gira a nuestro país acompañada de su director titular Daniele Rustioni. Este concierto es de la temporada 2016 de TQ Producciones.Esta afamada orquesta llegará con una solista que ha venido ya cinco veces a Lima, la muy joven y afamada violinista Francesca Dego. Ella ofrecerá el famoso y muy difícil Concierto para violín y orquesta no. 1 de Paganini. Una pieza tan complicada que es raro escucharla, pese a su enorme belleza musical.Pudimos conversar con ella antes de su llegada a Lima, tierra que para ella es muy respetada y a la que disfruta volver cada vez que puede.  ¿Qué percepción del público peruano tiene en esta quinta visita?La audiencia que encontré en Lima es una que está verdaderamente acostumbrada a la música clásica, que está respaldada por temporadas históricas de más de 100 años. Un público preparado, y, al mismo tiempo, al igual que en toda América Latina, un público muy muy caliente, joven y entusiasta, que a menudo hace falta aquí en Europa. Para mí siempre ha sido un placer!¿Cual es la relación que tiene con la Orquesta de la Toscana?La relación con la ORT se inició en 2008, con la Sinfonía Concertante K.364 de Mozart, y desde entonces he vuelto cada 2-3 años, por lo que es una relación que perdura. La Orquesta de la Toscana me ha visto, literalmente, crecer, dado que en la primera vez yo tenía 18 años de edad. Es una relación muy especial, en la cual he experimentado un gran repertorio. Esta es la primera vez que realizo Paganini, uno de mis más queridos autores, junto con la Orquesta della Toscana, entonces todo será particularmente especial.¿De qué manera trabaja con Daniele Rustioni este concierto de Paganini que va a presentar en Lima este sábado?Daniele Rustioni es un director que tiene, además de la experiencia de conciertos, un equipaje enorme en dirección de ópera, y esto lo lleva, para el programa seleccionado, a un nivel muy superior a otros directores con los que he trabajado. En el sentido de que está acostumbrado al "bel canto" italiano, el cuál es el estilo de este concierto. A pesar de que Paganini lo había compuesto para violín, es decir, para música instrumental, el tipo de escritura orquestal del Concierto y también el tipo de apoyo que acompaña al solista es muy similar al de la ópera. Emblemáticas son las palabras de Rossini: "Lo bueno es que Paganini no escribe ópera, porque de lo contrario estaríamos todos sin trabajo." Daniele, por su experiencia, es realmente sorprendente en la dirección de esta pieza. ¿Qué tiene de especial este concierto que lo diferencie de los otros?Cuanto a la parte de violín, y aquí pienso que están todos más o menos de acuerdo, es el concierto más difícil del repertorio a nivel técnico; verdaderamente de todos, y especialmente en la cadencia del primer movimiento. Se trata de una verdadera "lucha", un "ejercicio físico” para el violinista, y al mismo tiempo una obra llena de momentos extremadamente líricos, muy italianos, muy ligados tanto al italiano como a la tradición musical y a la música contemporánea de Paganini. Hay temas, más precisamente, en la segunda parte, que parecen verdaderas arias de ópera. Es una canción llena de momentos de virtuosismo que pertenecen al estilo "bel canto". El "bel canto" se traduce en virtuosismo y caprichos y, sobre todo en el caso del violín, en un acompañamiento de una voz aguda. Sin embargo, como he dicho, en la segunda mitad con voces muy graves. Sabemos que Paganini utilizaba mucho la cuarta cuerda, entonces estos temas infinitos, todos los que suben en la cuarta cuerda, siguen un poco el tipo de escritura para violoncello. Es una pieza que toco desde hace muchos años, pero sigue siendo cada vez, sin duda alguna, una de las cosas más difíciles para ejecutar.Francesca Dego se presentará con la Orquesta de la Toscana, dirigida por Daniele Rustioni, este sábado 28 de mayo a las 8:00 pm en el Auditorio Santa Úrsula. Esta Gala que presentará TQ Producciones presentará en la antesala una exhibición de la artista ítalo-peruana Elda Di Malio. Definitivamente será una gran fiesta italiana.Las entradas están a la venta en Teleticket.Francesca Dego, violínFrancesca Dego (Lecco 1989) se ha establecido como una de las mejores jóvenes artistas del panorama musical italiano. Editado por Deutsche Grammophon, su álbum debut con los 24 Caprichos de Paganini grabado en la ex-Ricci Guarneri del Gesù fue lanzado en octubre de 2012 y recibió grandes elogios de la crítica. Durante los siguientes dos años grabó las sonatas completas para violín de Beethoven, el primer volumen fue lanzado en la primavera de 2014. Ella también participó como artista invitada en el álbum de tenor italiano Vittorio Grigolo "Ave María", lanzado por Sony Classical.Ganadora de numerosos concursos nacionales e internacionales, en 2008 fue el primer violinista femenina italiana desde 1961 en llegar a la final de la famosa "Paganini Competition" en Génova y ganó el premio "Enrico Costa" por haber sido la finalista más joven.Francesca hizo su debut como solista a la edad de 7 en California, con un concierto de Bach, en Italia a los 14 años con el Concierto de Beethoven y a los 15 con Brahms en un concierto en Milán dirigido por György Györiványi Ráth y Sinfonía Concertante de Mozart en la Ópera de Tel Aviv con Shlomo Mintz. Desde entonces se presenta regularmente con las principales orquestas como la Sinfónica de Milán, la Orquesta Filarmónica de Niza, la Orquesta de Cámara de La Scala, Orquesta de Cámara de la Unión Europea, Orquesta del Festival de Sofía, la Orquesta del Teatro Colón de Buenos Aires, "Arturo Toscanini" Orquesta Sinfónica, Arena di Verona Orquesta, los Solistas del Teatro Rostov Estado, Ópera Orquesta Sinfónica del Norte de Leeds, Israel Sinfonietta, Trento "Haydn "Orquesta Filarmónica de Turín," I Pomeriggi Musicali ", el Bolonia, Trieste, Génova y Bari Teatro Orquestas y la Orquesta della Toscana (ORT) junto a grandes solistas y directores como Salvatore Accardo, Christopher Hogwood, Bruno Giuranna, Gianluigi Gelmetti, Julian Kovatchev, Wayne Marshall, Antonio Meneses, Domenico Nordio, Donato Renzetti, Daniele Rustioni, Yoel Levi, Jan Lisiecki, Peter Stark y Xian Zhang.Ella aparece regularmente en salas y festivales de prestigio como el Wigmore Hall y el Royal Albert Hall de Londres, el Teatro Colón de Buenos Aires, de Moscú Tchaikovsky Hall y Filarmónica de San Petersburgo, Artes Orientales Center de Shanghai y NCPA de Pekín, Bruselas y Ginebra, "Les Flâneries Musicales" festival en Reims y "Generación Virtuoses" festival en Antibes, en el Líbano en el Festival al Bustan y en Perú por la Sociedad Filarmónica de Lima.Actuó como solista en los conciertos por la Vida y la Paz de Belén y Jerusalén con la Orquesta Giovanile Italiana bajo Nicola Paszkowski y en el 2014 el Día del Recuerdo del concierto en Roma, difundidas en todo el mundo por la RAI. En junio 2014, fue invitada para abrir la Copa Mundial de Fútbol en Brasil realizada en el Teatro Municipal Río de Janeiro.Próximos destacados incluyen debuts con la Orquesta Filarmónica de Monte-Carlo, Orquestra Sinfónica Portuguesa de Lisboa, Tokio Symphony Orchestra en el Suntory Hall, Kyushu Symphony, la Orquesta Filarmónica de Armenia, Orquesta Sinfónica del Estado de Tarstastan (Rusia), Orquesta de Cámara di Mantova, Tailandia Filarmónica y la Philharmonique du Liban.Su grabación en directo del concierto de Beethoven a los 14 años de edad comprendía una gran parte de la banda sonora del documental "The Gerson Miracle", ganador de la Palma de Oro en el Festival de Cine de 2004 Beverly Hills y selecciones de sus discos han sido incluidos en la banda sonora de la película de 2008 del director premiado Steve Kroschel "The Beautiful Truth".Francesca toca un precioso violín Francesco Ruggeri (Cremona 1697) y ex-Ricci Guarneri del Gesù (Cremona 1734) por cortesía de Florian Leonhard Bellas violines.

Ya nos queda un día menos

23 de mayo

La Cuarta de Brahm por Carlos Kleiber y la Filarmónica de Viena

Sin ser la más grande interpretación discográfica de la Cuarta de Brahms, y sin olvidar tampoco que esta enorme obra maestra admite y hasta demanda enfoques más atentos al humanismo, la sensualidad y la ternura (¡enorme Giulini con la misma orquesta, también en DG!), este registro realizado en la Musikverein vienesa en marzo de 1980 es todo un hito que nos permite degustar las personalísimas maneras de hacer de un Carlos Kleiber que supo aunar como nadie esos dos conceptos antagónicos que son la electricidad y el refinamiento. Y lo hizo, además, con una asombrosa habilidad para ofrecer matices agógicos tan sutiles como efectivos –nada hay aquí de cuadriculado o machacón-, atendiendo en todo momento a la arquitectura global –trazada con decisión, sin contemplaciones más o menos otoñales– y haciendo que el ardor emocional, siempre controlado, haga arder las melodías sin que estas pierdan nunca el sentido de lo cantable. En este sentido, la asombrosa belleza tímbrica y el sentido del legato de las cuerdas de la Filarmónica de Viena son toda una baza a favor del maestro, sin olvidar que es él quien, frente a un primer movimiento no todo lo memorable que podía haber sido, remansa su temperamento electrizante e incisivo para ofrecer un Andante Moderato de voluptuosidad abrumadura. Tenso, escarpado e implacable el Scherzo, que avanza con una fuerza arrolladora, aunque Kleiber se reserva lo mejor de sí mismo para el Finale: interpretación memorable, genial en grado extremo, de acentuadísmo carácter dramático y un fuego verdaderamente abrasador, pero fuego controlado por una batuta de virtuosismo extremo capaz de pasar de una variación a la otra con una asombrosa capacidad para flexibilizar el tempo (¡qué fraseo más elástico y, al mismo tiempo, más natural!) y una increíble lógica expresiva. Como curiosidad, les diré que esta fue la primera Cuarta de Brahms que tuve, aunque en mi colección duró poco tiempo: el vinilo estaba rayado y decidí devolverlo. Pronto me acostumbré a otra interpretación, la de Bernstein con la misma orquesta, y a la que ahora comento volví muchos años más tarde con su reedición en la serie The Originals. Esta última audición, que he realizado esta misma tarde, ha sido en Blu-ray Pure Audio: ¿es cosa mía, o no suena todo lo bien que debería? La verdad es que no he podido comparar con la edición en compacto. En cualquier caso, mensaje claro a quien no lo conozca: disco absolutamente imprescindible.




Pablo, la música en Siana

21 de mayo

Max Valdés en los 25 años de la OSPA

Viernes 20 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono 14 OSPA: "25 años IV", Maximiano Valdés (director). Obras de Sibelius, Hindemith y Brahms. Dieciséis años de convivencia con la OSPA hacen del maestro chileno el mejor observador y conocedor del crecimiento de una formación que celebra sus bodas de plata, un largo camino hacia la excelencia de la que el tándem Max Valdés e Inmaculada Quintanal tienen mucho que ver. «La pasión y la música nos llevan a un conocimiento profundo que no pertenece a la razón, y eso lo aprendí en Asturias» aseguraba el Maestro hace seis años en su despedida como titular, con algunas visitas al foso de la ópera, pero esta vez podía sentirse orgulloso de "su orquesta" en su punto álgido de calidad forjada en este tiempo, un tesoro que debemos cuidar y auténtica embajadora de Asturias. Se tarda mucho tiempo y esfuerzo en "armar una orquesta" y elevarla a cotas supremas pero muy poco en hundirla. Sigue habiendo una égira de un público que parece abandonar el barco antes de hundirse con él, noto falta de ilusión entre abonados, desconocemos la programación para la próxima temporada, y Max Valdés pareció percatarse de todo ello desde un podio al que tantas veces se subió, esta vez con un "concierto germánico" de autores por lo que siempre ha transitado y disfrutado, pero montado en poco tiempo ("norma habitual" hoy en día) que impide ahondar en los detalles que marcan las diferencias, aunque dejándonos su elegante buen hacer y gesto al frente de unos músicos que han crecido junto a él y con los que se reencontraba estos días. La Canción de primavera, op. 16 (Sibelius) trajo una plantilla ampliada para la ocasión y poder disfrutar de esta obra de juventud agradecida de escuchar desde su breve introducción hasta el crecimiento en todos los sentidos. Brillante orquestación y rica gama de matices que parecen dibujar esos cielos nórdicos limpios hasta la explosión lumínica final con toque de campanas a la que Valdés condujo con acierto, secciones compensadas y seguras donde la cuerda pareció sonar más vibrante e hiriente sin perder su habitual toque aterciopelado. Algo menos de plantilla para una excelente Sinfonía "Matías el pintor" (1934) de Paul Hindemith, de la que la profesora Mª Encina Cortizo, siempre admirada y querida, comenta en las notas al programa (enlazadas en los autores al inicio disponibles en el Facebook© de la OSPA así como en el nº 14 de su revista) que el autor «se acerca a la figura de Grünewald por el significado de su figura, al simbolizar “problemas, deseos y dudas que ocuparon la mente de todos los artistas serios desde los tiempos más remotos"», como un diagnóstico actualizado del sentir que parecía flotar en el auditorio ovetense. Los tres movimientos con los títulos tan pictóricos y expresivos (Concierto angélico, Entierro y La tentación de San Antonio) fluyeron bien interpretados por unos músicos en comunión con el oficiante invitado, parroquianos que reciben a un pastor conocedor de su feligresía así como del sermón, preparatorio del Brahms final con el que Hindemith comulga y se hace más accesible. Obra vigorosa como la versión de Max Valdés, trombones como tubos de órgano brillantes, la oscuridad y desgarro de las maderas siempre inspiradas, antes de soltar demonios y monstruos de sonoridades convincentes y agitadas pero siempre limpias antes del triunfo final, la ópera sin imágenes que puso el chileno para lo mejor de este concierto. Como si el descanso aminorase ímpetu y luz, pasamos del trazo ágil y fino al brochazo, eso sí en varias capas para intentar corregir planos y presencias, porque la Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 73 de Brahms es mucha partitura, exigente para detalles que no siempre se apreciaron, con un sonido por momentos nebuloso a pesar de pasajes bien delineados por violonchelos o maderas, incluso la trompa plenamente pastoral (siempre surge el paralelismo de esta segunda con la sexta del admirado Beethoven) junto a la propia belleza de una obra que está en mi memoria vital, agradecido por volver a escucharla en directo (grabaciones tengo para parar un tren) pero que no me llenaron como el cuadro de Grünewald musicado por su compatriota. Pienso que faltó fluidez en los cuatro movimientos que sin el final tormentoso que afuera sí nos esperaba, careció del aire mozartiano al que Hanslick alude en la cita de la doctora Cortizo. Ahondar en esta sinfonía lleva el tiempo del que directores y orquestas no disponen a pesar de la predisposición y buen hacer de todos, incluyendo el discurso final de un Valdés (entrevista en OSPA TV) que lleva Asturias y nuestra orquesta en su corazón.



Ya nos queda un día menos

18 de mayo

Dos referencias para el concierto para violín de Brahms: Oistrakh/Klemperer y Szeryng/Haitink

A veces tardas demasiado en escuchar esas versiones unánimemente aclamadas de una obra, y cuando por fin llegas a ellas te causan tal conmoción que de inmediato se ponen a la cabeza de tus versiones favoritas. Es lo que me ha pasado con dos registros del concierto para violín de Brahms: el que grabaron David Oistrakh, Otto Klemperer y la Orquesta de la Radiodifusión francesa en 1960 para EMI y la que hicieron Henryk Szeryng, Bernard Haitink y su Orquesta del Concertgebouw en 1973 para Philips. Lo del Oistrakh es descomunal. Asombra su sonido increíblemente sólido, de agudos brillantísimos –nada hirientes– y un grave robusto, siempre con absoluta homogeneidad y un virtuosismo tremendo, pero sin que se note en absoluto. Y es que el músico va directamente a la esencia de las notas, ofreciendo una recreación incandescente y de marcados acentos dramáticos, mucho antes que sensual o evocadora, sin que ello le impida paladear las melodías con lirismo intenso y un punto amargo, ni ofrecer garra y nervio bien entendido en el tercer movimiento. No puede haber, para el concepto del enorme genio de Odesa, acompañamiento mejor que el de Klemperer, poderoso y rotundo pese a no tener a su orquesta habitual delante, de frase concentrado y cargado de pathos. Con el solista, él tampoco anda muy interesado precisamente por los aspectos más líricos de la pieza. El resultado es una interpretación viril, dramática, concentrada y poderosa, de trasfondo doliente pero también cargada de rebeldía, de empuje y de arrebato controlado. Lástima que la acústica de la sala Wagran sea un punto reverberante. Muy distinto al de Oistrakh es el acercamiento de Szeryng.  Su sonido no es el más robusto posible, tampoco el más bello, ni su fraseo el más temperamental, pero el polaco captura mejor que ningún otro violinista que yo haya escuchado esa muy particular mezcla entre lirismo tierno y humanístico, por un lado, e intenso dolor por el otro, que singulariza el universo poético brahmsiano. Así las cosas, y tras un notabilísimo primer movimiento, nos ofrece un Adagio incomparable e irrepetible, de una congoja tan intensa que sería difícil de resistir emocionalmente si no fuera porque está revestida en lo sonoro de una cantabilidad, de un vuelo lírico y de un poso humanista que convierten la audición es una experiencia musical tan hermosa como profunda y emotiva. Que el maestro sabe también ofrecer brillantez, empuje y pirotecnia sonora lo demuestra en un movimiento conclusivo francamente bien recreado, siempre con la formidable ayuda de un joven Haitink que sabe dotar a su ya manifiesta objetividad de una decisión y de una fuerza expresiva admirables, además de hacer que su orquesta ofrezca una sonoridad netamente brahmsiana. Por si fuera poco, la toma sonora está por encima de la media de la época. En fin, no quiero olvidar a violinistas como Perlman o la Mutter, ni la dirección de Giulini en los dos primeros movimientos o la de Barenboim en el último, pero tengo claro que estas dos grabaciones que ahora comento son quizá mis preferidas de esta partitura. Insisto en que he llegado muy tarde. Si ustedes han cometido el mismo error que yo, les animo a que pongan remedio cuanto antes.

Cuestión de Sensibilidad

15 de mayo

Paul Lewis EnclavedeCámara

Fue apagarse las luces en la sala y aparecer un hombre enjuto, dinámico, completamente de negro, salvo el bies rojizo de la camisa, bajo el foco que destacaba a un Stenway & Sons gran cola. Energía fue la intensa impresión que transmitió el muy galardonado pianista Paul Lewis mientras recorría los escasos metros desde el backstage; energía en el contenido saludo al público; energía al sentarse en la medida butaca y comenzar de inmediato con las primeras notas de la Sonata para piano n.º 9 en Si mayor D575 de Franz Schubert. Con esta obra casi experimental daba comienzo su recital en el excelente Ciclo EnclavedeCámara que se viene desarrollando en nuestra ciudad. A continuación, sin apenas pausa para unos contenidos aplausos, Lewis leyó las íntimas Cuatro Baladas op.10 de Johannes Brahms. Tras el breve intermedio, con renovada energía, siguió con un Brahms maduro y a ratos melancólico, sus Tres Intermezzi op 117, para terminar con Franz Liszt y una pieza rotunda de sus Años de Peregrinaje: “Après une lecture du Dante. Fantasia quasi Sonata”. Aquí ya hubo gigajulios de entrega, en una lectura descomunal y muy vehemente. La impresión final es que Paul Lewis es efectivamente energía; energía física, mecánica, electromagnética, termodinámica, pero energía en forma proteica. No hay en su pianismo concesión al glúcido, ni mucho menos a la grasa. Como su propio cuerpo, como su gestualidad artística desde las manos a las piernas, desde la cabeza al abdomen, Lewis es pura estructura, sin concesiones. Con una técnica apabullante, su discurso instrumental fluye sin desmayo, con una contundencia que pudiendo pecar de mecánica, se envuelve en un dinamismo que lo vuelve pasional. De ahí su elección del repertorio más adecuado: los grandes y proteicos compositores para piano del XIX, desde Beethoven hasta Brahms. De ahí la sabia elección, y el orden, del programa de su recital: Schubert – Brahms – Liszt. Tan solo eché en falta un rabioso Beethoven , como este que hoy les propongo: Sonata n.º 23 op 57 en Fa menor “Appassionata”: (vídeo noaxfreeloader) Lo dicho, proteína, fibra, dinamismo, … Energía: por tanto, trabajo y calor.

Johannes Brahms
(1833 – 1897)

Johannes Brahms (7 de mayo de 1833 - 3 de abril de 1897) fue un pianista y compositor alemán de música clásica del Romanticismo. A Brahms se le considera el más clásico de los compositores románticos, manteniéndose fiel toda su vida al clasicismo romántico y conservador influenciado por Mozart, Haydn y en especial Beethoven. Fue posiblemente el mayor representante del círculo conservador en la “Guerra de los románticos”. Sus oponentes, los progresistas radicales de Weimar, estaban representados por Franz Liszt, los miembros de la posteriormente llamada Nueva Escuela Alemana, y por Richard Wagner. Nació en Alemania, donde su obra romántica, conservadora y con un clasicismo muy contenido no fue bien recibida. Debido a esto, en 1862 se autoexilió en Viena, donde creó lo mejor de su repertorio sinfónico y de conciertos para instrumentos solistas diversos. Las expresiones Las tres bes o La santa trinidad (frase acuñada por Hans von Bülow) se refieren a Bach, Beethoven y Brahms como tres de los mayores compositores de la historia de la música.



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